Año 1996, mitad de curso, llego como nuevo alumno a un nuevo colegio, el Gonzalo de Córdoba. Nada más llegar, nos ponen sentados en el suelo, en círculo, yo junto a la profesora, y me va haciendo preguntas. A continuación, me presenta a dos gemelos que hay en clase, y me dice q si los conocco, ¡menuda estupidez! ¡Y que les tuviera que conocer! Me dice que adeivine sus nombres... la digo que no se. Se llamaban Ángel y Daniel, pues era muy fácil, pensé. Luego uno a uno se me fueron presentando todos. Solo conocía a Miguel, que venía de mi anterior colegio, Nazaret, y por el cual venia al nuevo, porque por aquel entonces era mi mejor amigo.
Pronto comencé a jugar al futbol con mis nuevos compañeros, y en uno de esos partidos, choqué con Francisco, que venía corriendo. Él tenía más cuerpo que yo, que estaba en los huesos, y mi primer pensamiento era que iba a partirme en pequeños cachitos, para mi sorpresa ni me caí, y el que estaba tendido en el suelo era Fran, llorando e insultándome, Pero mira por donde vas idiota, me decía, Lo siento, me disculpé, Qué lo sientes, qué lo sientes, repitió. Alfinal se lo acabó llevando un profesor, seguidos de cerca por Sara.
Sara era la novia de Fran, al parecer ya se habían casado y todo. Era una chica de tez muy pálida, rubia y ojos claros, y bajita, tenía lunares en la cara que la daban un toque personal a su cara.
Pero a Sara siempre la recordaré por algo que ocurrió aquel año. Era verano, y estábamos en las fiestas del barrio, habían puesto en la plaza un tren. Yo miraba a la gente montadas en el cuando, de entre los vagones, un espectro blanco se levantó a saludarme. Me agarré a mi madre, pensado que era una calavera, pero me di cuenta de que era Sara, la pobre era tan pálida como los huesos, y además el sol la hacía sombra en los hoyos de los ojos, lo cual daba aspecto de vacío. Ya dado por sabido que era Sara, la saludé y me perdí ente la multitud.
Ya en primaria, vino una comisión de nintendo a la feria de muestras. Pusieron juegos y ordenadores a disposición de todo el mundo. Mi madre y yo entramos, junto con Dani que acababa de llegar hacía poco. En una de las pistas de juegos del recinto, coincidí con Sara, al salir, nuestras madres ya estaban hablando y las dos nos saludaron. Estuvimos toda la tarde juntos, jugando a los ordenadores y a las consolas. Nos lo pasamos muy bien. Cuando ya era la hora de irse para casa me quedé vastante triste, fue una de mis mejores tardes y más felices.
Durante toda la primaria, Fran y Sara llegaron a casarse como 3 veces, con sus respectivos anillos con forma de aros de calamares. Eran unas bodas graciosas porque todo el mundo representaba un papel, Igor solía hacer de cura, Ángel de padrino y de la madrina no me acuerdo, creo que era Laura. Yo hacía nada más que de pariente. Nos lo pasábamos muy bien.
Tuve problemas con los gemelos y un poco con los Franes de clase, menos con Fran que con Francisco José, Fran solo me traicinó una vez, sacándome lo que pensaba de los gemelos para luego contárselo. Fue una época muy mala la de cuarto y sexto para mi.
En sexto, las notas no podían ser peores. Tenía una media de tres en matemáticas y de cuatro en conociemiento del medio, igual que Sara, y los dos estábamos muy preocupados. Al darme las notas y ver que estaba en todo aprobado, fui a preguntarle a Sara, que debía tener las mismas notas, Que tal Sara, la pregunté, Muy bien, todo aprobado y tu, También, Entonces nos vemos en el instituto.
Sonreí, estaba contento, dejaba atrás una etapa de mi vida y empezaba otra.
Fran y Sara cortaron, él se iba a Cristo Rey y ella a Ferrari, junto conmigo, los gemelos, Jorge, etc. Fue una pena, hacían muy buena pareja.
Durante el verano, quedábamos Fran y yo para ir con la bici y hablar, atrás quedaron los malos momentos y nos convertimos en inseparables. Con Sara fui a la piscina una vez, y allí nos dimos un pico. Desde ese momento no supe como actuar con ella, no sabía si por el mero hecho de habernos dado un pico nos convertía ya en novios. El caso es que Fran se enteró, y me preguntó que qué me gustaba de Sara, yo le dije que me parecía muy guapa y graciosa, en eso coincidíamos, no había día que Sara no te hiciera reir. Tenía un sentido del humor vastante bueno.
Un día quedamos los tres para ir con la bici, la suya no tenía frenos y fuimos a bajar una cuesta, para ponerla a prueba, primero iba Fran, luego yo y en último lugar, Sara. Fran y yo acabamos casi en fila, en esto que bajaba Sara gritando: ¡Cuidadooooo! PLAS!!! Su bici chocó con mi rueda trasera, haciéndome ir hacia delante y callendo yo sobre el manillar de la bici, la cual me la clavé... en las partes nobles. Fue un momento de risas para ellos y de alguna lágrima que se me escapaba por mi parte.
Cuando empezamos el instituto, le envié una carta a Sara diciéndola que no podía seguir con ella porque me gustaba otra chica -hacía cinco años que me gustaba y estaba obsesioando-. Fue mi mayor error, porque al leerlo vino con ella, no sabia que me gustaba, creo, y me dijo que no pasaba nada, que lo entendía. Esa misma tarde me daría una nota ella, muy bonita por cierto, que tras leer tiré al primer contenerdor que vi. Tal vez fui cruel, pero debía serlo para aguantar mi dolor.
El paso del tiempo me enseñó que fue un error y que lo mío era un amor imposible, plátonico. Dejé, por decirlo de algún modo, a Sara, una chica a la que le gustaba, para quejarme de dolor durante tres años más.
En el instituto perdimos un poco el contacto, estábamos separado de clases y de vez en cuando nos saludábamos. Cuando repetimos tampoco tuvimos suerte y seguíamos separados, hasta este año, en el que compartimos clases y ya, por fin, confiamos más cosas y compartimos más tiempo.
Pero ya nos desligamos, ella se marcha del instituto, yo sigo el bachiller. CAda uno tira para un lado, pero todos vamos hacia el mismo objetivo. Ya no somos los mismos que celebraban bodas y se pegaban o traicinabam, con algunos ya no mantengo relación alguna. Del pasado siguen conmigo Fran, Sara y Fer, creo que los únicos que me merecen la pena y me demostraron que fueron mis amigos cuando los necesité.
Para mi Sara es un símbolo de mi infancia, fue mi primera amiga, la que nunca se metió conmigo y la primera con la que "salí". Gracias Sara por haber estado ahí siempre, a las duras y a las maduras, aun todavía lamento haberte dejado escapar en aquella época, ja, ja, ja. Cuidate y se muy feliz - parece una despedida, pero no lo es-, si me necesitas, aquí estaré.
A Sara, el mundo necesita tus risas, sin ti esta vida no la querría vivir.
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