sábado, 16 de enero de 2010

Cuentos nefastos

LA HISTORIA DEL NIÑO TUERTO

El niño tuerto estaba tumbado en el suelo, con las manos en la nuca a modo de almohada y las piernas flexionadas. Observaba detenidamente el cielo estrellado. De algún modo trataba de desentrañar qué poderosa energía, según sus ancestros, había creado esos diminutos focos de luz en el oscuro cielo y que solo podía ser vistos con el ocultamiento de la gran esfera de luz. Y mientras reflexionaba sobre el gran misterio, le vino a la mente aquel nefasto día en el cual perdió su ojo izquierdo.
Era una tarde calurosa. Él y su vecino, un niño de labios carnosos, discutían sobre el resultado de una especie de concurso que habían hecho sobre quién realizaba el dibujo más bonito sobre la arena. Él había dibujado un oso pescando en el río sobre un fondo de bosque y montañas lejanas, mientras que su vecino había dibujado a un lobo solitario devorando a una presa bajo una cueva. Los dos decían que el suyo era el mejor. Ante tal situación, el niño de los labios carnosos cogió una piedra del suelo y se la tiró, alcanzándole de lleno el ojo izquierdo. Donde antes estaba el ojo, comenzó a manarle abundante sangre, manchando de ésta el suelo, donde se encontraba la afilada piedra que, con tan mala suerte, le había destrozado el globo ocular. El niño de la piedra salió corriendo del lugar, temeroso de lo que acababa de hacer. Tras quedarse solo, y con la cantidad de sangre que se derramaba por el ojo, el niño tuerto empezó a caminar en la misma dirección que su vecino, sabiendo que si se quedaba donde estaba, esperando a que alguien pasase, moriría.
Una mujer salió de su casa a contemplar la calle, en busca de alguna señal que le indicase que su hijo estaba cerca. Pronto vio que aparecía el chico de los labios carnosos que entraba corriendo en su casa. Le pareció que le miraba a ella, y que lloraba. Continuó esperando, en vano, a que su hijo regresase tras él. Pero aun no iba a llegar.
Los gritos de hombres y mujeres la hicieron salir de su casa. Gritaban su nombre y el de su hijo. Asustada, vio con horror cómo un hombre traía a su hijo entre sus brazos. Una mueca de dolor y sufrimiento se dibujó en su rostro. Comenzó a gritar y a llorar, y salió corriendo al encuentro de su hijo malherido.
No recordaba cómo había llegado a su casa. Estaba tumbado en su cama, con unas hojas en la zona dañada del ojo. Solo fue capaz de recordar que, tras caminar largo y tendido en zig-zag por culpa del mareo, se encontró con un hombre que, en cuanto le vio, salió corriendo a cogerle. En sus brazos, el niño tuerto se desmayó.
Los hombres del orden del pueblo le visitaron y le hicieron unas preguntas sobre los sucedido. Les dijo lo del concurso de dibujo, la discusión con su vecino y amigo y que éste le había tirado una piedra afilada al ojo. Les dijo, además, dónde había ocurrido, y que allí estaría la piedra, con su sangre.
A la mañana siguiente, visitaron al niño de los labios carnosos. Negó todo lo contado por el tuerto. Los hombres del orden le mostraron la piedra, impregnada de la sangre seca del niño tuerto. La duda se le dibujó en el rostro, dando paso después al miedo. Intentó huir, pero le agarraron con fuerza y se lo llevaron, entre lágrimas de su madre y suyas, gritando el uno por el otro.
El niño tuerto pasó cuatro días muy críticas. La alta fiebre le hacía delirar y decir cosas en un lenguaje extraño que asustó a la madre. Le creía poseído por espíritus malvados. Los gurús del pueblo, aquellos sabios, estuvieron haciendo conjuros y pócimas hechas con extrañas sustancias para expulsar a aquellas maldades.
Pasado aquel tiempo, la fiebre se acabó, y una enorme costra le apareció en la cavidad conde antes había un ojo. Cuando despertó, fue llamado por los hombres del orden.
El niño que había tirado la piedra había sido condenado culpable, y debía de ser castigado. Los hombres del orden habían decidido que el castigo consistiría en perder también su ojo. El tuerto debía de ser quien, con un cuchillo afilado, le arrancara el ojo. No estaba muy convencido de querer hacerlo, pero la ley es la ley. Si se hubiese negado, le hubieran azotado y después debería de arrancarle el ojo igualmente. Así que aceptó y decidió cumplir con lo establecido.
Su amigo gritaba y lloraba mientras era agarrado con fuerza por dos hombres fuertes. Estaba aterrado. El tuerto también lo estaba. Nunca se había imaginado que tuviera que hacerle aquello a su amigo. Y todo por un estúpido juego. Sin ganas, le acercó el objeto punzante y afilado al ojo, insertándolo en él. Los gritos no se hicieron esperar y comenzó a correr. Instintivamente. El afilado cuchillo se quedó en las manos del tuerto, con el ojo en la punta. Por el shock del momento, el niño de los labios carnosos se desmayó y cayó al suelo.
Su amigo murió desangrado.
Con el tiempo comprendió que nada de aquello debió de suceder. Haberle dado a él como ganador era tan nimio como el resultado final de esta historia. Él había perdido su ojo, su amigo, sin embargo, la vida.


jueves, 14 de enero de 2010

Esponjas chupa alcohol y hombres-chimenea

De este tema podría escribir un libro. Me veo con capacidad de opinar porque soy uno de los muchos que padecen semejantes... ¿Cómo decirlo? Mayores estafas y productos que el hombre ha producido para autodestruirse.
Tabaco y alcohol, amén de otras sustancias que no son ni mejores ni peores, simplemente tienen otros efectos distintos en nuestro organismo, son el pan de cada día con el que tengo que lidiar todos los días, en casa y en la calle con mis amigos.
No voy a hablar de lo perjudiciales que son estas sustancias para el propio que las consume y para los que están alrededor, eso ya lo sabeis. Prefiero hablar de la libertad que uno se toma sobre semejante acción de empezar, y continuar a la postre, a beber y/o fumar y/o drogarse.
En primer lugar, diré que yo he bebido, no mucho. Lo más que llegué a beber fueron tres cerbezas con limón acompañado de mis padres no hace mucho. Pero si lo hice, no fue para pasarmelo bien, ni porque tras beber me vuelva más social, ni nada por el estilo. Lo hice porque la bebida me pareció agradable, y punto. Lo que ya me parece a mi de inmadurez absoluta, es el beber para cogerse el pedal padre. Antes mi padre salía con sus amigos, se iban al centro o a bares y bebían durante la juerga, se lo pasaban bien y no necesitaban obligatoriamente beber para pasarlo bien. Lo importante era estar con tus amigos. Ahora la cosa ha cambiado. Se ha invertido. Se bebe antes para después pasarlo bien de fiesta, pero también se bebe durante ella... ¡ Qué ingenuos! Se puede pasar una buena noche en compañía de tus amigos sin la necesidad de beber. Pero por desgracia, los que beben así- que no todos-, no se dan cuenta del mal que se hacen a ellos, y a los demás. Cuando beben mucho y son varios, y uno no bebe y ve lo que hacen sus amigos, como se comportan, lo que se dicen y demás, solo se puede decir que se llega a pasar vergüenza ajena. Luego ellos vienen a darte lecciones de moral, diciéndote que si se es un amargado, que si no se sabe disfrutar de la vida, o que si ni fumas ni bebes ni follas, que pa´qué vives... Y luego están los que fuman, que esos son peores aun. Los que fuman, en gran medida, solo se preocupan de saciar su "mono". Es lo único. Ellos, ellos, ellos, y a los demás, si te molesta el humo pos te apartas o no respires o no estés en la misma habitación que yo- por suerte hay aun gente que no hace esto, pero que también, sin querer, hacen otras cosas igual de malas, posiblemente sin mala intención-. Si eres ademas anti-tabaco, algún día les preguntarás el típico, ¿por qué no lo dejas? Y lo peor de todo, lo más rastrero que se puede decir de uno mismo, es decir, palabras testuales «de algo hay que morir». Claro, y a los que respiramos tu humo, nos llevas por delante. Sí, también los coches echan humo, y las fábricas, y no me quejo, aun. Sobre eso decir que ojalá pronto se puedan aplicar otro tipo de energías.
Pero en definitiva, que nadie se queje, bebedor o fumador, de que se les persigue porque no es cierto. Tal vez sea yo, que lo veo desde mi perspectiva de no ser esponja chupa alcohol ni hombre-chimenea, y les ataque, a esa gran minoría que son, los que fuman y los que beben, que deciden matarse ya sea bebiendo o fumando, y si se llevan a alguien por delante en su empeño, tampoco podrán decir nada, ya que tal vez estén también en el hoyo.

martes, 12 de enero de 2010

Zombies políticos

Está claro en qué época vivimos. Una democracia demagoga que nos va a costar muy caro. Gente como Zapatero, Rajoy, Gallardón o Esperanza Aguirre son la cabeza de la chusma convertida en políticos. Esto, claro, en España, pero en el mundo entero es igual. Gente como Berlusconi, Sarkozy o el propio Barack Obama, nos van a llevar a un mundo en el que prime únicamente el propio interés, el egoismo humano, la humillación, el marginamiento a aquel que no sea "igual a los demás" y a la violencia como medio de arreglar cualquier asunto.
Pero muchas veces me pregunto qué hace especial a Obama, aparte de su color, que casi todo el mundo lo adora. No es porque haya sido el primer presidente negro de los Estados Unidos de América, sino su forma de comunicarse con el pueblo. La diferencia entre la forma de intentar convencer de sus ideas con la de nuestros políticos es inmensa, ¡si hasta el propio Solbes se va durmiendo mientras está leyendo!
Antes, cuando aun no eramos una democracia, se colocaba a ministros que eran intelectuales de la época. Ahora, mientras, ponemos a los payasos de turno que no saben que hacer con sus vidas y prueban con la política.