viernes, 25 de septiembre de 2009

Libertad perdida

¿Cómo es posible que hayamos llegado hasta el punto de haber perdido la empatía? Hoy en día vivimos despreocupados (y me incluyo) del gran sufrimiento que hay en el mundo, el hambre, las miserias, las violaciones de muchos de los derechos humanos; todo ello en países pobres.
Yo tengo la respuesta. Porque, si pensasemos en todo aquello que es sufrimiento, y que se da en más casos de lo que pensamos, no podríamos vivir plenamente la felicidad -el que la tenga-, ni podrá ignorar que no está haciendo nada para cambiarlo todo.
Por suerte aun hay buenas gentes que se acuerdan de aquellos que no tienen lo que nosotros tenemos, pero no solo nosotros podremos cambiar las cosas. Nos pese o no, hemos perdido el control de lo que es la sociedad, als multinacionales dictan a su antojo, y los dirigentes de los paises lo saben.
¿Qué haría Robespierre si estuviera en nuestra época?

martes, 8 de septiembre de 2009

Esas cosas pequeñas de la vidad.

A veces, pequeñas cosas como llamar a otra persona y hablar hasta quedarte sin saldo, conocer a gente nueva que te habían hablado muy bien de ella y, al conocerla, descubres que no son tal y como te lo contaron, sino mejor; hacen que te sientas más feliz y, por ello, agusto contigo mismo.
El problema llega cuando los demás ven, desde otro punto de vista al tuyo, con malos ojos lo que estás haciendo.
¿Qué de malo tiene llamar a alguien lejana a ti y hablar hasta quedarte sin saldo? Ninguno. ¿Qué de malo tiene estar junto a personas a las que apenas ves a lo largo del año y con las que siempre te lo pasas bien, o las acabas e conocer y te parecen un encanto? Ninguno.
La hipocresía del mundo está en alza. Sí, a veces las cosas más insignificantes también son motivo de disputa, problemas y malos ratos.

jueves, 3 de septiembre de 2009

No quedan, apenas, días de verano.

Los días de verano, para mi, pasaron lentos. No salí apenas de casa, ni fuimos a la playa ni vimos mucho a la familia (ciertamente, este año no me importaba quedarme en casa). Pero sí que me quedé con ganas de ir a un lugar, o que aquella persona a la que iba a visitar pudiese venir aquí. ¡Lástima! En otro momento tal vez.
Y quizás por esto, por no ver mi único deseo veraniego realizado, el verano, para mi, no me ha dejado nada que recordar. Solo muertes, horas de falta de sueño, melancolía e insatisfacción.
Pero igualmente, estoy contento. Sí. Porque ya están de nuevo las personas que, día tras día, hacen de esta vida algo más llevadera y soportable. Vuelven las fiestas, la vida social, los buenos momentos y, tras las fiestas, una nueva etapa de mi vida que espero que salga mejor que ninguna otra de las cosas de las que he hecho.
Lo impotante no es qué nos aporta el verano, si nos hemos divertido o no. Para mi predomina que la gente a la que quiero siga a mi lado. Y hoy por hoy, es así.