miércoles, 24 de marzo de 2010

El juego: historia de dos desconocidos. IV

En los cuentos de princesas, los príncipes siempre acaban llevándose a la bella dama en peligro- ya sea por dragón, madrastra, encantamiento, etc-. Pero en nuestra historia no hay príncipe ni princesa, no hay madrastras, ni dragones, ni encantamientos, ni castillos. Y quien necesita ser rescatado, no es ella, sino él.
Ya llevaban un mes en el juego Eir y Selena. Sus conversaciones no pasaban más allá de preguntarse pequeñas cosas sobre el otro, viajes de ella y peripecias de él. Estaban alegres y cómodos el uno con el otro. Pero todo cambió cuando ella le preguntó por su familia.
¿Qué decirle? ¿La verdad o una mentira? Si le contaba la verdad, tal vez ella se asustara y dejaran de escribirse para siempre, sin llegar a poder quedar con ella ni verla y sin una amiga, que era como la consideraba. Además se había enamorado de ella. ¿Cómo- se preguntaba- había podido pasarle aquello? Nunca la había visto y sin embargo se había enamorado de una chica cuyo físico había sido fruto de su imaginación. Tal vez de quien se hubiera enamorado era de lo que ella misma le había contado y había podido averiguar durante el mes que se habían comunicado. Si le contaba alguna mentira, todo se acabaría en ese mismo momento, pues todo lo que le dijese de ahí en adelante estará atado por la propia.
Decidió que lo mejor era contarle la verdad, y rezar.
« Querida amiga mía:
desearía que nunca hubieses formulado esa pregunta. Que hubiésemos seguido hablando de nimiedades que poco importan, pero que nos hacían felices. Ya es tarde.
Ya te conté alguna cosa, poca, sobre mi padre y mi madre. La verdad es tan frustante y nos ha hecho tan infelices que todos los días mi padre intenta borrarla con alcohol.
Todo comenzó cuando mis padres se conocieron. Quizás sea la única parte bonita.
Eran jóvenes. Mi padre trabajaba ya en la fábrica. De camino a casa, mi padre vio a una mujer, cuyas elegantes ropas y curioso peinado no hacían más que certificar su posición. Una burguesa. Mi madre. Él se quedó prendado de ella. Pero no le vio. Así que él intentó acercarse hasta ella. No podía acercarse hasta ella sin tener que llamar la atención. Se le ocurrió, al final, hacer de la atención su cómplice.
- ¡ Señorita!- gritó mi padre- ¡ Un desastre, señorita!
Ella se giró alarmada, y se acercó,
- ¿Es a mi?
- Sí, señorita. Qué catástrofe.
- ¿Qué le ocurre, buen hombre? Me está asustando
- A usted, señorita. El asustado soy yo.
- ¿ A mi?
- Sí. Permitidme
La colocó en el suelo y la levantó la falda. La gente se escandalizó y comenzaron a llamar a los guardas. Él acarició la pierna, y apretaba con los dedos, buscando algo. Llegaron dos guardas.
- ¿Qué está ocurriendo aquí? Deje a esa mujer.
- No lo entiende, señor, esta mujer está muy mal- espetó mi padre con cara de angustia.
- ¿Cómo?- gritó mi madre.
- Tiene la pierna rota por completo después de la caída, está aturdida y quizás tenga heridas internas.
- ¿Qué caída? Yo no me he caído- dijo mi madre, empezándose a enfadar por aquel grosero pervertido.
- ¿Seguro? Porque yo juraría que te has caído del cielo, ángel.
El silencio que se formó alrededor de ellos era estruendoso. La gente no se podía creer la escena que estaban presenciando. La cara de mi madre debió de ser todo un poema. Los policía intervinieron y se llevaron a mi padre que, agarrado por los dos, no hacía más que mirar atrás, a aquel ángel caído.
Pasó una tarde entre rejas y le soltaron.
Al día siguiente, cuando mi padre salía de la fábrica, en el mismo lugar donde descubrió a mi madre, ella le esperaba.
Así fue como mis padres se conocieron. Más tarde formalizarían su relación, aquello no le gustó a mi abuelo, que la deseredó y juró que nunca vería ni una moneda suya mientras viviese, y que no quería volver a saber de ellos. Cuando nací, mis padre comenzaron a trabajar los dos en la fábrica. Mientras estaban fuera, me dejaban con una anciana que me cuidaba para no sentirse sola, sin tener que darle nada más a cambio. Crecí y fui a la escuela, donde me enseñaron a leer mejor de lo que había aprendido solo, y a escribir. Marieta, mi profesora, sabedora de mi destreza, me hizo escribirle historias que ella guardaba con recelo. Por desgracia, ya todo acabó, y todo lo que ella quería hacer de mi, no pudo conseguirlo. No tenemos dinero suficiente para pagar una escuela superior.
Mi padre pronto se cansó de la vida, de las miserias y de nosotros. Comenzó a gastarse gran parte del dinero que ganaba en vino y cerveza. Llegaba borracho a casa todos los días. Mi padre quería que ya me pusiese a trabajar, pero mi madre le convenció para que me dejase disfrutar de mi último verano en libertad. Mi madre llora por las noches por haber dejado a sus padres para tener una vida de penurias. Pensaba que el amor que mi padre le procesaba duraría eternamente y que le daría fuerzas para vivir. Pero nada más lejos.
Ahora que lo sabes todo, solo espero que comprendas por qué rehuyo de mi familia y estoy siempre fuera de casa.»
Dejó la carta en la caja, la enterró, y se fue, lentamente, a recorrer las calles de la ciudad.

domingo, 21 de marzo de 2010

Poder para el pueblo


El día en que los pueblos se alcen contra la opresora sociedad neoliberal-capitalista, podremos volver a ver, camaradas, imágenes de victoria, de la derrota del fascismo en pro del único, verdadero, eficiente sistema.


Para ello el levantamiento es fundamental, una nueva sociedad internacional puede ser creada de los restos de la destrucción de la actual, con nuevos valores, lejos de aquellos que hoy priman en muchas mentes, que no son sino inculcados desde los púlpitos de las iglesias.


Pues no es otro, más que la Iglesia, la religión, el cáncer que impide pensar al pueblo.


En tiempos de crisis, renace el <> como opio para la multitud, pues, ¿por qué iba a relatarse la verdad, pudiendo entretener? Ese es el problema, ¿a quién le interesa el entretenimiento con los problemas existentes en este momento?


Los partidos políticos capitalistas abogan por una reforma del sistema. No es posible esa reforma, a lo largo de los años ya nos ha demostrado este sistema sus fallos cíclicos, su desigualdad, su impotencia. Y luego los economistas hacen demagogia hablando de que son la "salvación" de que su objetivo es erradicar la pobreza...


No debemos dejarnos engañar camaradas, pues la salida es la unión, debemos unirnos para derrocar a aquellos que se aprovechan del sudor del trabajador, de aquellos que violan niños, de aquellos que aniquilan inocentes en nombre de su dios, en la invasión de una tierra que no les pertenece.


Y puesto que los opresores no cesarán en su intento de dominación de la clase obrera, nosotros hemos de construir tras la destrucción de su Estado, uno nuevo, un Estado Obrero en el que queden excluidos, mediante represión, de las entidades democráticas, aquellos que han impedido y siguen haciéndolo durante tantos años.


Esta exclusión se hace necesaria para que pueda conseguirse una nueva sociedad en la que los valores fundamentales sean la igualdad, la tolerancia, el respeto, la no discriminación, la libertad. Todos ellos solo serán válidos para quiénes los merezcamos, para los que hemos sufrido durante tanto tiempo los vaivenes de la economía, los que hemos pagado sus crisis financieras, pues siempre es el trabajador quien sufre al final las consecuencias de sus juegos financieros.


Mientras ellos se nutren de nuestro esfuerzo y trabajo, además nos obligan a consumir, y si algo va mal, además hemos de darles nuestros impuestos para que salven los cuartos. ¿Es esto lógico? No permitamos que nos ninguneen. Nosotros tenemos el poder, sin nosotros no son nada, sin nosotros su sistema caerá.


Podemos hacerlo, solo necesitamos, la unión, la recuperación de esa conciencia de clase que se ha perdido.


En definitiva, la única salida viable a esta situación, de forma definitiva, que no se vuelva a producir, es emular lo que los camaradas rusos hicieron tiempo ha, a principios del siglo XX, pero esta vez, de una manera, verdaderamente, Internacional.


Salud.

domingo, 14 de marzo de 2010

El juego: historia de dos desconocidos. III

Cuando leemos un libro y conocemos sus personajes, el autor nos hace una vaga o detallada descripción sobre cómo son física y psicológicamente aquellos seres creados en su imaginación. Y como son seres irreales, imaginarios- por mucho que hayan podido ser tomados de la vida real-, cada persona los imagina de una manera u otra, no correspondiéndose así el aspecto del personaje imaginado por cada uno.
En esas estaba Eir, moldeando los rasgos de Selena. La segunda carta que le había enviado le entusiasmaba aun más que la primera. Aun seguía teniendo que ponerla una cara imaginaria, una cara irreal, después de lo que le había enviado la tarde siguiente.
Aquella mañana al levantarse de la cama no se cayó. Tampoco dio un portazo al salir, ya bastante había tenido con la bronca que le dio su madre el día anterior. Pero sus nervios no cambiaron a los de la pasada vez, y volvió a tropezar contra la gente y a cansarse antes de subir la cuesta. Parecía no aprender nunca.
Con la respiración dificultosa, llegó hasta el árbol, dejándose caer contra el tronco y haciéndose daño en la espalda. Escarbó hasta encontrar la cajita azul que simulaba la imagen del cielo. Levantó la tapa. Había dos papeles esta vez. Una era la carta. Cogió el otro papel, era más grueso que el papel normal. Estaba doblado en dos pliegues. Lo desdobló. En su cara se dibujó una sonrisa al ver un dibujo. Era un retrato a carboncillo de Selena vista de espaldas. Parecía estar sentada, las manos se intuían apoyadas en su regazo, su pelo era liso y le caía sobre los hombros y sus brazos eran largos y delgados. Su cuerpo parecía esbelto. Aquel retrato no lo podría comprar un simple trabajador , debía de ser hija de algún comerciante. Dejó el dibujo doblado en la caja y comenzó a leer la carta.
« Querido Eir:
« te hago entrega de este retrato, para que puedas hacerte a la idea de como soy, y una vaga descripción mía físicamente. No esperes la estrella más luminosa del universo. Tengo el pelo moreno, ojos azules, unos pómulos y una barbilla con personalidad, la tez pálida y una nariz pequeñita, como mi estatura. Espero que con esto te hagas una idea de mi. Tampoco es que yo me fijase mucho en ti. Estabas dormido y no pude saber del color de tus ojos. Cuéntame de tu vida. ¿Qué esperas en el futuro? ¿Quiénes son tus amigos y cómo es tu casa? Yo vivo en la zona burguesa. Me encanta pasear sobre esas aceras tan grandes. Pero sobre todo, me gusta el campo, su aroma, la naturaleza, su cielo limpio, sus animales y sus insectos.
Espero tu respuesta. Selena»
Suspiró. Eir se imaginó un ángel de cabellos negros y ojos azules. Pensó que aquello no podía ser más que una broma, una broma de mal gusto. ¿Cómo una chica, aparentemente tan guapa y de buena posición, iba a querer algo con un chico sucio y harapiento como él? Pensó en no contestar, en olvidarse de aquel juego y no volver a mantener contacto con la burguesa que, a buen seguro, ahora estaría desternillándose con sus amigos ricos.
Pero la imagen le volvió a venir a la cabeza, aquel ángel...
Se tragó su orgullo y escribió.
« Querida Selena:
« No puedo más que imaginarme un ángel alado, de luz tan resplandeciente que, al mirar, ciega. Mi vida comenzó hace trece años. De pequeño mi madre por las noches me leía cuentos que yo me aprendía de memoria y buscaba la relación entre las letras y sus sonidos. Así fue como aprendí a leer y escribir. Pero pronto cambiaron las cosas en casa. Papá bebe y mamá riñe con él. Hace tiempo que perdí a mis amigos. Mi vida no sirve más que para ser utilizado, cual objeto, por algún burgués con dinero. Eso es lo que siempre me dice mi padre, y yo, por mucho que lo odie, le creo. No espero un gran futuro.
Saludos. Eir.»
No lo releyó. Lo escribió tal y como sentía. Su maestra siempre le dijo que sabía escribir muy bien, y en cierto modo le molestaba que su talento se desperdiciara.
Puso la carta en la caja y la volvió a enterrar.
Estaba solo en casa. Su madre y su padre se habían ido a trabajar, y su hermano se había ido a ver si podía robar algo que llevarse a la boca. No tenía apetito, pero se obligó a comer un poco de pan, por los días que no tiene qué llevarse a la boca. Pronto se pondría a trabajar, así se lo había comunicado su padre. Y con tal fin le preparaba.
Antes de dormir, en la cama, volvió a imaginarse a Selena como un ángel que brilla en el cielo. Lejana. Pensó que aquel juego, que aquella chica, no le destrozarían más la vida de como la tenía.

viernes, 12 de marzo de 2010

El juego: historia de dos desconocidos. II

Por motivos que se nos escapan, muchas veces cometemos actos que no los pensamos, no los razonamos y debemos de admitir las consecuencias a corto o largo plazo. Es un misterio, pero tan real como la vida misma.
Así estaba Eir. Sumido, desde no hacía mucho, en una historia de dos, narrada en tercera persona. Pensó sobre lo ocurrido aquella mañana, sobre el juego y sus normas, sobre...

***

Agitado, se levantó de la cama. No calculó bien la altura de la cama y, al ir a posar su pie izquierdo- siempre nos lo advirtieron, nunca hicimos caso-, cayó y se golpeó el hombro con el armario. Maldijo en arameo, hebreo y demás lenguas nunca escritas. Cogió un par de prendas y se vistió rápido. Pronto pensó que así nunca conseguiría impresionar a la chica del otro día (siempre y cuando volviesen a coincidir) y rebuscó en el ropero. Para gran lamento suyo, todas las ropas no eran nada del otro mundo, así que decidió que mejor era dejar todo como estaba. Se preparó un tazón de leche y un poco de pan. Como tenía prisa, primero se tomó la leche, quedándole un humorístico bigote blanco de leche; y después se comió el pan. No vio a sus padres, tampoco a su hermano. Salió corriendo de casa, con un bolígrafo y un papel para darle su dirección y tuviese un lugar en donde poder encontrarle en caso de necesidad, y de encontrarla a ella aquel día.
Corrió por las calles de la ciudad. Tropezó con mujeres cargadas de la compra de por la mañana, con hombres que no dudaron en amenazárle, con niños a los que hizo llorar, e incluso un perro le persiguió pensando que jugaba con él. Cuando llegó a la cuesta del cerro estaba agotado, sin fuerzas para subir. Se maldijo a sí mismo. Le costaría sangre y más sudor alcanzar su destino. Subió la cuesta, y aun que le dolía las piernas, no paró hasta que pudo ver la totalidad de la ciudad a sus pies con solo girarse.
Con dolores por medio cuerpo, llegó hasta el árbol y se protegió del sol y del calor sentándose bajo su sombra.
Esperó durante largo rato. Ella no aparecía. Tampoco sabía del todo a quién buscaba y decidió aguardar a cada chica que pasase. Pero ninguna apareció. Frustado e irritado, golpeó el suelo. Hasta el momento en el que su puño se estrelló contra la tierra, no se había dado cuenta de que ésta, muy cerca de donde estaba sentado, había sido removida. Habían cavado un hoyo no muy grande. Pensó que tal vez alguien quisiera darle un entierro a su mascota. Aun así decidió cavar para ver qué se escondía allí. De pronto pensó en que hubiese dinero y en cómo podría gastarlo.Si había mucho se compraría una bici, en caso contraria dependería de la cantidad. En el fondo había una caja de madera, pintada de azul y con manchas blancas a modo de nubes. Decidió abrirla, con mucha espectación, y descubrir lo que aquel misterio contenía. No había animal muerto. Tampoco dinero. Lo que la caja contenía era mucho más misterioso que todo ello. Una carta.
Miró por encima, vio que la letra era redondeada, bonita y escrita en línea recta.
« A quien duerme bajo la sombra del árbol:
« Son tantas las historias que podría contar sobre mí para impresionarte, pero ninguna sería cierta. Son tantos los amores que podría describirte que he sentido y que estoy aburrida y por ello me invento nuevas maneras de amar, pero no sería sincera. Quizás por eso, para que ninguno mienta, he decidido proponerte un juego; un juego que consiste en un método peculiar, pero por el cual espero que nos podamos conocer bien, sin diferencias de clase ni... Bueno, en definitiva, conocernos de forma segura.
Para que ésto sea posible, he redactado una serie de normas que debemos cumplir escrupulosamente:
1-. Solo podremos comunicarnos por carta, que depositaremos en el mismo agujero y en la misma caja.
2-. Tu solo podrás venir aquí a depositar tu carta por la mañana, yo vendré por la tarde.
3-. No podremos intentar localizar ni ver al otro, no se podrá aparecer en el cerro mientras sea tiempo de la otra persona.
4-. Quedará prohibido comentar o hablar de contenidos respecto a la carta o de la otra persona, quedando todo entre nosotros dos únicamente.
5-. En caso de no responder en un plazo máximo de tres días quedará todo olvidado, y a la persona que no contestó como que ha perdido el interés y ha decidido dejarlo.
Cualquier incumplimiento de estas normas será motivo para no volver a comunicarnos.
« Atentamente: Selena.»
En aquel momento no lo dudó. Cogió su bolígrafo y escribió:
«Hola, Selena. Acepto el juego. Me llamo Eir. Tu tienes una ventaja, y es que tu me has visto y yo a ti no. A ver como te las apañas para solucionar ese problema. Saludos.»
No le dio muchas vueltas. Tal como lo escribió, así lo dejó.
No fue hasta que se fue a dormir que volvió a pensar en lo sucedido. Sobre el juego y sus normas, sobre ella, sobre qué le respondería, si sería suficiente lo que le había escrito o sería poco, si podría verla sin que ella lo supiera. Eran tantas las cosas que tenía en la cabeza, que apenas se dio cuenta de que se había quedado dormido.

miércoles, 10 de marzo de 2010

El juego: historia de dos desconocidos. I

Quizás no fuese real. Quizás no fuese más que un sueño. No. Lo sucedido había sido, definitivamente, real.
Eir había llegado a esa conclusión tras varias horas de reflexión y de consulta con la almohada. Aquella mañana había salido huyendo de la tensión que solía haber en su casa y del ruido de la ciudad. Su destino, el cerro. Quizás debido a que aquella noche la había pasado leyendo un libro sobre extraños seres del bosque, había decidido dirigirse hasta allí. Hasta el contacto con la naturaleza, en busca de algo, sin saber muy bien el qué. Desde luego no era lo mismo que un bosque. Tampoco había oído que hubiese ninguna criatura extraña. Pero al menos así pasaría la mañana y desconectaría de los problemas que tenía cada día. Tras mucho caminar no encontró nada. Se podría decir que no se decepcionó, pues ya tenía en mente esa posibilidad. Pero le entusiasmaba fantasear viendose a sí mismo encontrando un hipogrifo, un dragón o un duende. Aun que la verdad, sea dicha, es tan triste como que no fue capaz ni de encontrar un pájaro, ni un simple gorrión.Frustrado y cansado, había decidido sentarse sobre la sombra de un árbol y relajarse. Deseaba abstraerse de todo pensamiento. Quería quedarse él solo, quieto, sin pensar ni hacer nada. Miraba al cielo, a las nubes paseándose lentamente, haciéndose gala de su blancura y su esponjosidad, y le parecía que se despegaba del suelo y podía volar. Aquella sensación, junto con no haber dormido durante la noche anterior, le hizo cerrar los ojos y quedarse como el tronco en el que estaba apoyado.
Apenas notaba una caricia en la cara. Entreabrió los ojos, pero el sol le daba de frente y los volvió a cerrar. Casi no distinguió a una persona cerca de él, en sombras. Aquella persona le había notado que se despertaba, y decidió susurrarle, como se les susurran a los bebés cuando se les quiere hacer dormir.
- Tsss. No te despiertes. Relájate y duérmete
La voz era femenina y muy sedante. No pudo pensar más en aquella voz. Al instante se volvió a quedar dormido.
Se despertó azorado, más cansado que antes y con la boca seca. Decidió que lo mejor era recoger, ir a la fuente para lavarse y beber agua regresar a casa. Estaba hambriento.
No pensó en lo que había ocurrido nada más despertase, tampoco durante el camino de vuelta, ni si quiera mientras comía. Parecía que en su mente no había quedado constancia de lo que había sucedido bajo la sombra de aquel árbol. Estaba jugando con su hermano cuando éste le tiró una zapatilla a la cara. El golpe le había rozado la mejilla y su acto reflejo fue llevarse la mano hasta ella, acariciándose. Aquel gesto le hizo recordar. Su primera impresión fue pensar que era un sueño. Después recordó la voz, y la sensación de bienestar posterior que le había producido.
Pero lo que realmente le había hecho pensar si todo era real o no, no llegaría hasta la mañana del día siguiente.