jueves, 12 de julio de 2012

Comentario del Poder. Gabriel Sala y su libro.


(En primer lugar, dado que el texto ha quedado largo, en caso de creer prescindible la primera parte de éste, leer atentamente la parte final, escrita en un tamaño de fuente mayor. Gracias)

«Venceréis, pero no convenceréis». Recuerdo que aquellas palabras de Unamuno me asaltaban durante una de aquellas discusiones políticas con uno de mis familiares de clara tendencia a la derecha, durante las últimas elecciones. El gran problema es que al político de hoy en día no le hace falta convencer a nadie, ya que, por lo general, los dos partidos mayoritarios de España tienen siempre una cantidad de electores en su bolsillo desde los primeros tiempos de la democracia española.
Siempre me han considerado mis amigos más allegados una persona con una tendencia a llevar la contraria a las modas y a los dictámenes de la sociedad. Quizá por eso me metí en la carrera de filosofía, especialidad que choca endiabladamente no sólo con el pensamiento de una sociedad que diviniza al no-pensar, sino también con los dictámenes de los gobiernos al relegarla a un segundo plano en la educación. Pienso que les sobra gente que piense. En una conferencia de mi facultad, organizada por alumnos y profesores del departamento de filosofía, se aludía a que durante las últimas décadas se había incentivado el pensamiento calculador en detrimento del pensamiento reflexivo. Ésto es, una desarrollo de las éticas utilitaristas y consecuencialistas (egoístas) frente a las éticas deontológicas (las del “deber”, Kant) y altruistas.
Diría que todo empezó tras la lectura del libro de Gabriel Sala, pero sería faltar a la verdad. Todo empezó con mi profesor de ética en cuarto de la ESO. Yo y otros muchos de aquel año le nombramos oficialmente el mejor profesor que habíamos tenido en nuestras vidas. Él comenzó hablándonos de términos como Fondo Monetario Internacional, deuda externa, Banco Mundial, corrupción política, etc. Éramos criajos de dieciséis años de los cuales tres o cuatro (y no me incluyo) entendían todo cuanto nos decía. Nos decía que la crisis duraría mucho tiempo, veinte años. Recuerdo que llegué a casa y las noticias decían que duraría sólo unos pocos años y le conté a mi madre lo que el profesor nos había dicho, “no va a durar tanto, ya lo verás”. Han pasado más de cuatro años, y en pleno 2012 el Gobierno dice que estaremos, al menos, otros dos años más en recesión, y recientemente rescatados, lo que supone una deuda externa grande con un interés enorme. Os voy a contar un secreto, pero no se lo digáis a nadie, ya no somos un país desarrollado, desde ayer, 11 de julio del 2012, es oficial.
Gracias al programa de radio La rosa de los vientos encontré el libro que asentaría las bases de ese conocimiento que espero algún día llegar a poseer, el del funcionamiento REAL del mundo. Y fue tal el calado que ha tenido sobre mi, que me gustaría compartir algunas de esas palabras que su autor legó para la posteridad y recomendar su lectura a todo aquel que esté leyendo ésto, sabiendo que seréis pocos.
Imagen sacada de amazon.es

Panfleto contra la estupidez contemporánea es un libro que requiere pararse en muchos de sus capítulos para reflexionar sobre lo que nos dice y, desde luego, tomarse un respiro y enjuagarse alguna lágrima, ya que parece mentira que sea cierto lo que dice. Comienzo, pues, con una primera cita suya:
“El método más eficaz de que dispone el poder para controlar la población [...] consiste en procurar que esa población sea incapaz de concebir alternativas a los criterios propuestos por el poder. Y para conseguir esto último no existe mejor estratagema que lograr que la gente no sea capaz de diagnosticar qué está ocurriendo: que no disponga de palabras ni conceptos para describirlo. [..]” (pág. 11)

Así comienza la introducción de éste libro. Bien, creo que ésto entronca en gran medida con mi reflexión acerca de la pérdida de pensamiento reflexivo y de la “desaparición” del “filósofo” en la sociedad. Si nos paramos a pensar en la historia de la humanidad, han sido los filósofos aquellos que, en gran medida, han otorgado a la sociedad modelos de conducta y de pensamiento que han ido evolucionando hasta llegar al modelo “neoliberal” que impera en nuestros días (trágicamente). No voy a hacer mayor mención a Kant ni a Hobbes, dos paradigmas distintos de cómo habría que utilizar la libertad de acción de los hombres y de cómo éstos actúan movidos por su egoísmo o por deber. Hoy en día quedan pocos que actúen por deber. Podríais pensar que debo hablar aquí de Adam Smith, pero ni él mismo era tan mezquino a la hora de pensar en una sociedad capitalista y liberal como la de hoy en día. De hecho, él pensaba -erróneamente- que todo bien individual en ese mundo capitalista, tendría un beneficio social real. Pobre insensato, no sabía o bien no quería ver que aquel dogma sería el utilizado por sus descendientes neoliberales, mucho más radicales que él.
Y sin embargo, impera el discurso de que Marx estaba equivocado, que el socialismo comunista es utópico, que lleva a totalitarismos, etc... Qué mal hicieron Stalin y otros al mundo...

Para entender el dogma neoliberal, Gabriel Sala habla del concepto “ententanimiento” o tittytainment -acuñado por Zbigniew Brzezinski en una reunión de altos “capitales” y gente poderosa-. “El entetanimiento no es otra cosa que una mezcla de entretenimiento mediocre y vulgar, bazofia intelectual, propaganda y elementos psicológica y físicamente nutritivos con el fin de satisfacer al ser humano y mantenerle convenientemente sedado, perpetuamente ansioso, sumiso y servil ante los dictados de la minoría que decide su destino sin permitirle siquiera opinar al respecto. Es el mejor proveedor de coartadas que haya existido, el prisma a través del cual podemos observar el mundo sin sentirnos culpables y sin vernos obligados a asumir la responsabilidad de nuestras acciones.” (pag 17)
Podréis creer lo que dice a pies puntillas o negarlo con vehemencia, o podréis dudar (siempre es mejor dudar y pararse a reflexionar antes de tomar una posición), pero si analizáis las últimas décadas, podréis ver qué clase de televisión disponemos hoy en día, la mediocridad de los informativos noticiarios y de los políticos, la cantidad ingente de publicidad, etc. Todo ello no son más que herramientas del sistema. Pero éso el que lo quiere ver, lo ve desde el primer día, y el que no, no.
Gabriel achaca a periodistas, políticos y, literalmente, “escritores de tres al cuarto que se consideran a sí mismos intelectuales valiosos” gran parte de la culpa de lo que hoy vivimos, ellos, adoctrinados en el “liberalismo” y, gran parte de ellos, comprados con el dinero de los poderosos, nos han tapado la verdad del funcionamiento del mundo. Leía el otro día a Maquiavelo la siguiente cita: « Los males que nacen en el Estado se curan pronto si se les reconoce con antelación; pero cuando por no haberlos reconocido se les deja crecer de forma que llegan a ser de dominio público, ya no hay remedio posible.» Ojalá, espero, no tenga razón. Nos lo han tapado todo y, cuando no han podido ocultarlo más, han destapado, sí, corrupciones políticas. Pero no os ceguéis, aquí todo el mundo está mayormente corrompido.
Os hablaba de lo que decía A. Smith acerca de que todo beneficio personal conllevaba de alguna forma al beneficio social, pues bien, no es así realmente, y no porque lo diga Grabriel Sala, sino porque lo pienso yo, gran parte de la que considero gente de razón, y lo debería pensar todo el mundo. “El entetanimiento beneficia al dinero, a todo aquel que tiene dinero y todo lo que el dinero pretende comprar. [...] Privilegia a los más ricos; y cuanto más ricos, más los privilegia. [...] A quienes tienen poco dinero les niega cualquier beneficio, aunque quizá les permite mantenerse. A los pobres les perpetúa en la pobreza y les obliga a la mendicidad y a la violencia entre ellos.” (pag 23).
En fin, creo que más claro, imposible.
Por hoy, quiero acabar con una última reseña, la que aduce más claramente a lo acontecido ayer: recortes y subida del IVA. Grabiel Sala habla muy claro, y quizá la cita sea un poco extensa, por lo cual, no voy a hacer mayor comentario, simplemente acabaré el texto ahí, y que ustedes sean capaces de comprenderlo solos. Sin más, la explicación, por Gabriel Sala, de lo que acabamos de sufrir en España, pero que también lo vivieron griegos, irlandeses y portugueses recientemente.

¿Por qué, por ejemplo, no muere la falacia Reagan-Teatcher, a pesar de haberse mostrado absolutamente ineficaz? Sencillamente, porque produce enromes beneficios a los poderosos. Es una historia que se viene repitiendo desde hace más de 25 años, con distintas ejecuciones y en distintos escenarios, pero siempre con idéntico planteamiento, idénticos objetivos e idénticos resultados. ¿Cuál es la historia?
En la década de 1980, tanto Ronal Reagan en EEUU como Margaret Tatcher en el Reino Unido aplicaron unos programas de naturaleza económica que consistían básicamente en desfiscalizar las rentas del capital y bajar los impuestos a los ricos. Se suponía que estas medidas crearían riqueza, que se transferirían recursos del sector público al privado, que serían utilizados por éste para invertir, que se crearía empleo, etc... etc. Se preveía, naturalmente, que tales medidas enriquecerían enormemente a los más ricos, puesto que se les reducían los impuestos, pero esto no importaba, ya que los menos afortunados serían también ampliamente beneficiados.
Como es sabido, esta política fue un éxito absoluto en el primer aspecto: los ricos se hicieron más ricos y sus fortunas se multiplicaron espectacularmente. En el otro aspecto fue un perfecto fracaso: los pobres no sólo no se vieron beneficiados por esas medidas sino que su situación empeoró de forma brutal y, de repente, se quedaron sin la mayor parte de los derechos sociales básicos que el sistema les garantizaba, como la educación o la sanidad.
Este escenario es típico y se repite constantemente, cientos de veces, en el mundo. El entetanimiento aprueba un determinado plan que se supone va a beneficiar tanto a pobres como a ricos. La teoría es siempre perfecta -hay millones de economistas trabajando febrilmente en el diseño de estas coartadas-, pero ocurre que los únicos beneficiados son los ricos (¡oh, sorprendentemente paradoja!) mientras que los pobres se hunden cada vez más en la miseria, y las desigualdades entre los niveles de renta se hacen abismales. Cuando esto ocurre, los ideólogos que fabricaron la “fracasada” propuesta se sienten sorprendidos, se llevan las manos a la cabeza y encargan a sus economistas a que expliquen lo ocurrido. Éstos cumplen su misión con inteligentes y elaborados informes con los cuales consiguen tranquilizar las conciencias de los ideólogos para que puedan volver a hacer otras propuestas... Y esta historia se repite y se repite, día tras día, y los pobres son cada vez más pobres, y los ricos cada vez más ricos. ¿No es obvio que aquí ocurre algo extraño? ¿A qué nivel de estupidez puede llegar a reducirnos el entetanimiento? (pag. 39-40)

En su particular vertiente económica, el entetanimiento se caracteriza por un desprecio fundamental de hecho (no siempre de palabra) hacia las prioridades de los más necesitados, así como por una glorificación cuasi religiosa de las demandas de los poderosos (esta última también de hecho, aunque nunca de palabra). Estas dos características básicas suelen concretarse en una serie de medidas que se observan, con mayor o menos claridad, en todas las economías de los países occidentales y que, a grandes rasgos, son las siguientes:
    • Reducción drástica de los gastos sociales, tales como los relativos a sanidad, la educación, el acceso a la cultura o la reinserción de la población penitenciaria.
    • Aumento brutal del porcentaje de los presupuestos destinado a la investigación, fabricación y tráfico legal de armamento.
    • Aumento de las medidas legislativas represoras en detrimento de las preventivas.
    • Traslado de las decisiones políticas que tradicionalmente se tomaban en los parlamentos u otros organismos compuestos por representantes del pueblo a organizaciones supranacionales de funcionamiento no democrático y sobre las que la población no puede ejercer ningún tipo de control.
    • Sustitución de las medidas fiscales progresivas por otras de carácter regresivo. Es decir, se considera obsoleta la idea de que quien tiene más dinero es quien debe pagar más impuestos.
    • Subvenciones a los ricos, tanto medidas fiscales más o menos indirectas como de forma directa, por ejemplo apoyando económicamente a las grandes empresas sin exigir a cambio contrapartida alguna, ni de tipo social ni de ningún otro.
    • Desregulación de aquellas áreas del mercado que pueden ser dominadas por una pequeña minoría y concesión de libertad legal a esta minoría para que ejerza ese control sin restricciones.
    • Regulación estricta de aquellas áreas del mercado en las que se podría ejercer una sana competencia y en las que se prevén posiciones dominantes y que favorezcan los intereses de las élites.
    • Desregulación de los derechos de los trabajadores, de las minorías y de las personas con pocos recursos económicos y establecimiento de medidas tendentes a sustraer competencias, criminalizar y eliminar organizaciones destinadas a garantizar esos derechos.
    • Endurecimiento de las medidas legales que impiden la inmigración de ciudadanos de los países pobres.
    • Mediocrización y estandarización de la cultura.
    • Desregularización absoluta del mercado del dinero y permisividad total con las transacciones puramente especulativas.
Estas medidas y otras similares se están aplicando en todos los países occidentales desarrollados de forma más o menos voluntaria -e impuesta por aquéllos(ésta es la función real del Banco Mundial, tal como ha confesado uno de sus ex-presidentes)- en la mayor parte del resto de naciones. (pag 48-49)

Nada más que decir, traten de ser felices.

miércoles, 15 de junio de 2011

Camino recorrido y por recorrer

¡Qué extraña ha sido realmente mi vida! ¡Qué rodeos tan curiosos ha dado! De niño sólo me ocupaba de dioses y de sacrificios. En mi adolescencia sólo practicaba el ascetismo, la meditación y la concentración. Pero en mi juventud me uní a unos monjes penitentes, viví en el bosque padeciendo calor y frío, aprendí a soportar el hambre y a mortificar mi cuerpo. Más tarde tuve una revelación maravillosa en la doctrina del gran Buda: sentí que la conciencia de la unidad del mundo circulaba en mi interior como mi propia sangre. Pero también tuve que alejarme de Buda y del gran Conocimiento. Me fui y descubrí junto a Kamala los placeres del amor; Kamaswami me enseñó a comerciar; acumulé dinero, lo malgasté, aprendí a amar a mi estómago y a lisonjear mis sentidos. Muchos años hube de emplear en disipar mi espíritu, desaprender lo pensado y olvidar la Unidad. ¿No es un poco como si, lentamente y a través de grandes rodeos, me hubiera convertido de hombre en niño, o de pensador en hombre niño?
¡Qué camino el mío, sin embargo! Cuánta estupidez, cuánto vicio, cuántos errores, disgustos, dolores y desilusiones he tenido que soportar sólo para volver a ser un niño y poder empezar de nuevo! Pero todo ha ido bien, mi corazón lo aprueba, mis ojos se ríen. He tenido que probar la desesperación, rebajarme hasta la más insensata de todas las ideas, la del suicidio, para poder sentir la gracia, para volver a dormir bien y a despertarme tranquilo. He tenido que convertirme en un loco para redescubrir mi interior. He tenido que pecar de nuevo para poder vivir. ¿Por dónde me llevará aún mi camino? Es un camino absurdo, que avanza dibujando curvas, tal vez en círculo. Que avance como quiera. Yo lo seguiré.

Siddhartha, de Hermann Hesse

martes, 12 de abril de 2011

Odio...

... a ese tipo de gente egocéntrica que no quiere más que hacernos opinar a todos lo mismo que ella. Mientras tú disfrutas en silencio de lo que te gusta, ella, mientras, no hace más que decir estupideces del tipo: «¿Pero cómo puede gustarte eso?» o «Es que no entiendo donde le veis la gracia a una mancha».
Pero la mejor frase de todas las que he escuchado hoy de semejante... ser, es «Estas cosas abstractas no me gustan, porque te hacen pensar sobre lo que pueden ser, y yo prefiero cosas definidas» ¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! Aplausos, por favor, a la mayor subnormalada del momento. ¿Cómo pretendemos hacer llegar la cultura a los jóvenes, si ellos mismo cuando la tienen delante de sus narices afirman pasar de ella porque les hace pensar? Claro, prefieren, algunos, la cultura del empobrecimiento, es decir, idioteces del tipo Belén Esteban, series de cotilleos y, en cuanto a películas, vampiros que se deboran a besos.
En fin, que por favor llegue alguien a nuestro mundo que destierre a los idiotas del cosmos y les entierre de una vez en la pocilga de su ignorancia para que de esa peste no pueda nadie contagiarse.

lunes, 7 de marzo de 2011

La Revolución de las Palabras


I

Ahora contemplo mi sombra sobre la pared verde de mi cuarto. Despeinado, con la espalda ligeramente dolorida, escribo lo que se supone es el preámbulo de lo que estás dispuesto a leer.
Todo es una gran mentira. Nos han engañado. Siento el pesimismo barato. Yo antes no era así, de verdad. Mi amigo Mateo decía que yo era insoportablemente feliz a sus ojos. Me odiaba, aunque me quería. Dijo que nunca me vio llorar. Bueno, para todo hay una primera vez. Dijo, también, que debía de ser la persona más noble del mundo, pues nunca había reñido, y ni si quiera tenía una lista de personas a las que guardar rencor.
Me dicen que, para pensar en positivo que busque en los recuerdos de momentos mejores en los que fuese, como antes, feliz. ¡Maldita sea! No puedo pensar con claridad si miro constantemente mi sombra reflejada. Hace exactamente los mismos movimientos que yo hago. Giro la cabeza a la derecha, y lo hace; giro a la izquierda, y también. Condenada sombra. Tengo una teoría acerca de ella. Ella me sigue a todas partes cuando hay luz para, así, que no me olvide de que, un día, ella reinará sobre mi. ¿Sabes que día será ese? El día que muera. Las sombras, o la sombra, lo engullirán todo y, por fín, podrá manejarme cuanto quiera. Tendrá completa libertad para girar la cabeza a donde quiera, sin que yo se lo ordene. De ese modo, la sombra es inmortal. La envidio en eso. Yo también quiero ser inmortal.
Creo que hoy no voy a poder pensar en nada positivo que me ayude a salir de mi depresión. Solo puedo pensar en sombras y en muerte. Padre tenía razón. Lástima que no vaya a poder venir y reirse, para después decir rotundamente «¿Ves? ¡Te lo dije, Javier!»

miércoles, 16 de febrero de 2011

Llamada a ¿nadie?

Dicen, comentan, se rumorea por ahí que los jóvenes están dormidos. Eso es, sinceramente, mentira. Muchos jóvenes están olgazaneando, otros muchos trabajan, otros estudiamos -o lo simulamos-, y otros se dedican a una vida contemplativa, como hiciera Shiddartha, en busca de la verdad. Espero que se haya notado la fina ironía acerca de este último bloque.
Lamentablemente, el paro es la cruda realidad de un mundo que, cada día, junto con los grandes dirigentes que, por desgracia, nuestros mayores eligieron, va a la deriva en un viaje sin retorno a un lugar inóspito, desconocido.
¿Quién va a despertar a la juventud? ¿Quién va a exhortar, como Vercingetorix hiciese contra las tropas romanas, como hiciese Robespiere contra la monarquía francesa; a esta juventud perezosa, malcriada, juerguista y, en definitiva, esta juventud de papá? ¿A caso ésta es tan ciega, o tan necia, que no es capaz de ver que se le avecina un futuro sin futuro? ¿Dónde están los genios que han de guiarla? Alguno pensará «¡No! ¡No! ¡Si están planeando! ¡Están estudiando las mejores opciones!». Yo no sé donde están, no se si están de botellón, no sé si están esnifando coca o fumándose porros, no sé si están esperando a que se les acabe el curso para movilizarse, ni si quiera sé si han nacido o si han sido -de verdad- más listos que el resto y se han suicidado a sabiendas de la que se les echaba encima. Ojalá tuviera respuestas.
Pero, chicos, algo sí os aseguro, estamos jodidos. Si no actuamos de inmediato, jamás podremos salir, como tanto ansiamos, de la casa de nuestros padres; si no nos movilizamos jamás podremos comprarnos una casa, un coche, una nueva consola, un buen ordenador, un buen vino, ni si quiere dos croquetas. Ya no es, si quiera, por tener una calidad de vida media-alta, sino una vida digna en la que, al menos, nos sea posible sobrevivir por nuestros propios medios sin apuros.
Levantémonos contra los políticos corruptos que se llevan el dinero de los trabajadores honrados. Levantémonos, también, contra aquellos que minan nuestra libertad; contra quienes nos dicen qué debemos comprar, consumir, pensar, o hacer como si fuesemos simples marionetas guiadas por quienes quieren un beneficio propio.
En definitiva, acabemos con la tiranía de aquellos que, primero, nos ponen la soga en el cuello y, después, nos empujan al vacío. Porque tiranos no hay sólo en Egipto, Argelia, Túnez o demás lugares, también lo son aquellos que, extorsionando con las vidas de los trabajadores, nos encadenan y nos echan a las fieras de su circo particular para vernos morir mientras ellos están a salvo en su trono imperial construido por los huesos de niños y niñas, madres y padres, hermanos y hermanas, familias enteras que tuvieron la mala suerte de nacer en un lugar distinto al nuestro.

viernes, 4 de febrero de 2011

Aclaración

Estaba él en un lugar oscuro, donde nada se veía y mucho menos aún se intuía. Hablaba con alguien, o algo. Parecía distante, quizás por temor a los enormes colmillos de alguna fiera que pudiese haber por entre las sombras.
«Permítame, señora, hablarle con franqueza de los asuntos que se han dado y que no pudiendo olvidarme de ellos, me deba y tenga la obligación de explicarle como es debido para que, así, no quede pizca de duda alguna.
«Sea pues, que durante los días en que me vi en soledad, no tuve más remedio que buscarme otras motivaciones que me satisfacieran más en el plano personal, ante las numerosas muestras de deficiencia mental que, anteriormente, me habías tenido a bien enseñar.
«Cuando todo- y cuando digo todo, es todo- había pasado, con la idéntica facilidad con que el agua pasa de un estado a otro, a no ser nada más que parte del pasado, fue cuando me demostraste aún más tu plenitud mental. Claro lo dejé, y claro está. Nunca- y ésto lo puedo decir muy alto y claro, con la cabeza bien alta- engañé a nadie, y más bien puede ser que se engañara, usted solita, a sí misma.
«Puedo decirle, además, que tengo un conocimiento profuso de mi, y que cualquiera que intente engañarme con aquesta u otra cosa que diga que soy, jamás me veré reflejado en ella, luego es probable que lo que vieras no fuera más que una mera proyección que yo quise que conocieras. Porque en la vida, querida, hay que aprender a ser actor. Ésto es lo más importante que te puedo enseñar. Cuanto más te muestres a personas que no se lo merezcan, más daño te harás tú sola. Porque el extraño no puede hacerte daño si tu no lo interiorizas y, de hacerlo, será sólo culpa tuya.
«Y cuando uno, ya no pudiendo hacer más por quitarse a la mosca de encima, se ve casi obligado a acudir hasta las sombras de lo tenebroso, al menos lo único que se espera es acabar lo mejor posible, para que, tras ello, dejar un incómodo silencio tras de sí, y borrar de la mente cualquier posible proyeccion de aquello. Pudiste conocerme, ahora en la oscuridad tenebrosa te quedas.»

viernes, 28 de enero de 2011

Chuletas, pancetas y entrecots

Entonces todo vale. En eso hemos quedado. Llegas al examen, sacas las chuletas, lo corrige el profesor, te da la nota y, en ese momento, pueden ocurrir dos cosas: una, que hayas aprobado y te vayas más contento que unas pascuas; y otra, que no hayas aprobado. En este último caso, te pegas un rebote de no te menees. Comienzas a decirles a tus compañeros de al lado que te han suspendido y que no entiendes por qué, «Si está todo puesto» dices -obviamente tu eso lo sabes porque lo has copiado de la chuleta, que está sacada del libro-, después llamas al profesor y le dices que te parece una injusticia tu nota, que lo has puesto todo, que si por una falta te ha bajado un punto, etc, etc, etc.
Primero: no todo vale. No es tanto que tú sepas algo como el que tu aprendas a expresarlo. Puedes saber, o copiar, muy bien algo pero, que luego a la hora de dejar constancia de ello en un papel, no tengas ni pajolera idea y, de ese modo, esté totum revolutum.
Segundo: ¿de qué te quejas? ¡Pero si tu esfuerzo para con la preparación del examen no ha sido para nada más que prepararte una mísera chuleta!
En fin. La culpa, de todas formas, no es de los alumnos, sino del profesorado. Muchos han hecho excesivo daño a la juventud. Algunos no saben ya aprobar si no es por una triste chuleta. Pudieron cortar de raíz con este enorme problema de la juventud, pero ahora se dan premios a aquellos que, sin estudiar ni hacer esfuerzo intelectual y personal alguno, vagan por los caminos de la ley del mínimo esfuerzo.