¡Qué extraña ha sido realmente mi vida! ¡Qué rodeos tan curiosos ha dado! De niño sólo me ocupaba de dioses y de sacrificios. En mi adolescencia sólo practicaba el ascetismo, la meditación y la concentración. Pero en mi juventud me uní a unos monjes penitentes, viví en el bosque padeciendo calor y frío, aprendí a soportar el hambre y a mortificar mi cuerpo. Más tarde tuve una revelación maravillosa en la doctrina del gran Buda: sentí que la conciencia de la unidad del mundo circulaba en mi interior como mi propia sangre. Pero también tuve que alejarme de Buda y del gran Conocimiento. Me fui y descubrí junto a Kamala los placeres del amor; Kamaswami me enseñó a comerciar; acumulé dinero, lo malgasté, aprendí a amar a mi estómago y a lisonjear mis sentidos. Muchos años hube de emplear en disipar mi espíritu, desaprender lo pensado y olvidar la Unidad. ¿No es un poco como si, lentamente y a través de grandes rodeos, me hubiera convertido de hombre en niño, o de pensador en hombre niño?
¡Qué camino el mío, sin embargo! Cuánta estupidez, cuánto vicio, cuántos errores, disgustos, dolores y desilusiones he tenido que soportar sólo para volver a ser un niño y poder empezar de nuevo! Pero todo ha ido bien, mi corazón lo aprueba, mis ojos se ríen. He tenido que probar la desesperación, rebajarme hasta la más insensata de todas las ideas, la del suicidio, para poder sentir la gracia, para volver a dormir bien y a despertarme tranquilo. He tenido que convertirme en un loco para redescubrir mi interior. He tenido que pecar de nuevo para poder vivir. ¿Por dónde me llevará aún mi camino? Es un camino absurdo, que avanza dibujando curvas, tal vez en círculo. Que avance como quiera. Yo lo seguiré.
Siddhartha, de Hermann Hesse
¡Qué camino el mío, sin embargo! Cuánta estupidez, cuánto vicio, cuántos errores, disgustos, dolores y desilusiones he tenido que soportar sólo para volver a ser un niño y poder empezar de nuevo! Pero todo ha ido bien, mi corazón lo aprueba, mis ojos se ríen. He tenido que probar la desesperación, rebajarme hasta la más insensata de todas las ideas, la del suicidio, para poder sentir la gracia, para volver a dormir bien y a despertarme tranquilo. He tenido que convertirme en un loco para redescubrir mi interior. He tenido que pecar de nuevo para poder vivir. ¿Por dónde me llevará aún mi camino? Es un camino absurdo, que avanza dibujando curvas, tal vez en círculo. Que avance como quiera. Yo lo seguiré.
Siddhartha, de Hermann Hesse