Entonces todo vale. En eso hemos quedado. Llegas al examen, sacas las chuletas, lo corrige el profesor, te da la nota y, en ese momento, pueden ocurrir dos cosas: una, que hayas aprobado y te vayas más contento que unas pascuas; y otra, que no hayas aprobado. En este último caso, te pegas un rebote de no te menees. Comienzas a decirles a tus compañeros de al lado que te han suspendido y que no entiendes por qué, «Si está todo puesto» dices -obviamente tu eso lo sabes porque lo has copiado de la chuleta, que está sacada del libro-, después llamas al profesor y le dices que te parece una injusticia tu nota, que lo has puesto todo, que si por una falta te ha bajado un punto, etc, etc, etc.
Primero: no todo vale. No es tanto que tú sepas algo como el que tu aprendas a expresarlo. Puedes saber, o copiar, muy bien algo pero, que luego a la hora de dejar constancia de ello en un papel, no tengas ni pajolera idea y, de ese modo, esté totum revolutum.
Segundo: ¿de qué te quejas? ¡Pero si tu esfuerzo para con la preparación del examen no ha sido para nada más que prepararte una mísera chuleta!
En fin. La culpa, de todas formas, no es de los alumnos, sino del profesorado. Muchos han hecho excesivo daño a la juventud. Algunos no saben ya aprobar si no es por una triste chuleta. Pudieron cortar de raíz con este enorme problema de la juventud, pero ahora se dan premios a aquellos que, sin estudiar ni hacer esfuerzo intelectual y personal alguno, vagan por los caminos de la ley del mínimo esfuerzo.
Primero: no todo vale. No es tanto que tú sepas algo como el que tu aprendas a expresarlo. Puedes saber, o copiar, muy bien algo pero, que luego a la hora de dejar constancia de ello en un papel, no tengas ni pajolera idea y, de ese modo, esté totum revolutum.
Segundo: ¿de qué te quejas? ¡Pero si tu esfuerzo para con la preparación del examen no ha sido para nada más que prepararte una mísera chuleta!
En fin. La culpa, de todas formas, no es de los alumnos, sino del profesorado. Muchos han hecho excesivo daño a la juventud. Algunos no saben ya aprobar si no es por una triste chuleta. Pudieron cortar de raíz con este enorme problema de la juventud, pero ahora se dan premios a aquellos que, sin estudiar ni hacer esfuerzo intelectual y personal alguno, vagan por los caminos de la ley del mínimo esfuerzo.
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