(En primer lugar, dado
que el texto ha quedado largo, en caso de creer prescindible la
primera parte de éste, leer atentamente la parte final, escrita en
un tamaño de fuente mayor. Gracias)
«Venceréis, pero no
convenceréis». Recuerdo que aquellas palabras de Unamuno me
asaltaban durante una de aquellas discusiones políticas con uno de
mis familiares de clara tendencia a la derecha, durante las últimas
elecciones. El gran problema es que al político de hoy en día no le
hace falta convencer a nadie, ya que, por lo general, los dos
partidos mayoritarios de España tienen siempre una cantidad de
electores en su bolsillo desde los primeros tiempos de la democracia
española.
Siempre me han
considerado mis amigos más allegados una persona con una tendencia a
llevar la contraria a las modas y a los dictámenes de la sociedad.
Quizá por eso me metí en la carrera de filosofía, especialidad que
choca endiabladamente no sólo con el pensamiento de una sociedad que
diviniza al no-pensar, sino también con los dictámenes de los
gobiernos al relegarla a un segundo plano en la educación. Pienso
que les sobra gente que piense. En una conferencia de mi facultad,
organizada por alumnos y profesores del departamento de filosofía,
se aludía a que durante las últimas décadas se había incentivado
el pensamiento calculador en detrimento del pensamiento reflexivo.
Ésto es, una desarrollo de las éticas utilitaristas y
consecuencialistas (egoístas) frente a las éticas deontológicas
(las del “deber”, Kant) y altruistas.
Diría que todo empezó
tras la lectura del libro de Gabriel Sala, pero sería faltar a la
verdad. Todo empezó con mi profesor de ética en cuarto de la ESO.
Yo y otros muchos de aquel año le nombramos oficialmente el mejor
profesor que habíamos tenido en nuestras vidas. Él comenzó
hablándonos de términos como Fondo Monetario Internacional, deuda
externa, Banco Mundial, corrupción política, etc. Éramos criajos
de dieciséis años de los cuales tres o cuatro (y no me incluyo)
entendían todo cuanto nos decía. Nos decía que la crisis duraría
mucho tiempo, veinte años. Recuerdo que llegué a casa y las
noticias decían que duraría sólo unos pocos años y le conté a mi
madre lo que el profesor nos había dicho, “no va a durar tanto, ya
lo verás”. Han pasado más de cuatro años, y en pleno 2012 el
Gobierno dice que estaremos, al menos, otros dos años más en
recesión, y recientemente rescatados, lo que supone una deuda
externa grande con un interés enorme. Os voy a contar un secreto,
pero no se lo digáis a nadie, ya no somos un país desarrollado,
desde ayer, 11 de julio del 2012, es oficial.
Gracias al programa de
radio La rosa de los vientos encontré el libro que asentaría las
bases de ese conocimiento que espero algún día llegar a poseer, el
del funcionamiento REAL del mundo. Y fue tal el calado que ha tenido
sobre mi, que me gustaría compartir algunas de esas palabras que su
autor legó para la posteridad y recomendar su lectura a todo aquel
que esté leyendo ésto, sabiendo que seréis pocos.
| Imagen sacada de amazon.es |
Panfleto contra la
estupidez contemporánea es
un libro que requiere pararse en muchos de sus capítulos para
reflexionar sobre lo que nos dice y, desde luego, tomarse un respiro
y enjuagarse alguna lágrima, ya que parece mentira que sea cierto lo
que dice. Comienzo, pues, con una primera cita suya:
“El
método más eficaz de que dispone el poder para controlar la
población [...] consiste en procurar que esa población sea incapaz
de concebir alternativas a los criterios propuestos por el poder. Y
para conseguir esto último no existe mejor estratagema que lograr
que la gente no sea capaz de diagnosticar qué está ocurriendo: que
no disponga de palabras ni conceptos para describirlo. [..]” (pág.
11)
Así
comienza la introducción de éste libro. Bien, creo que ésto
entronca en gran medida con mi reflexión acerca de la pérdida de
pensamiento reflexivo y de la “desaparición” del “filósofo”
en la sociedad. Si nos paramos a pensar en la historia de la
humanidad, han sido los filósofos aquellos que, en gran medida, han
otorgado a la sociedad modelos de conducta y de pensamiento que han
ido evolucionando hasta llegar al modelo “neoliberal” que impera
en nuestros días (trágicamente). No voy a hacer mayor mención a
Kant ni a Hobbes, dos paradigmas distintos de cómo habría que
utilizar la libertad de acción de los hombres y de cómo éstos
actúan movidos por su egoísmo o por deber. Hoy en día quedan pocos
que actúen por deber. Podríais pensar que debo hablar aquí de Adam
Smith, pero ni él mismo era tan mezquino a la hora de pensar en una
sociedad capitalista y liberal como la de hoy en día. De hecho, él
pensaba -erróneamente- que todo bien individual en ese mundo
capitalista, tendría un beneficio social real. Pobre insensato, no
sabía o bien no quería ver que aquel dogma sería el utilizado por
sus descendientes neoliberales, mucho más radicales que él.
Y
sin embargo, impera el discurso de que Marx estaba equivocado, que el
socialismo comunista es utópico, que lleva a totalitarismos, etc...
Qué mal hicieron Stalin y otros al mundo...
Para
entender el dogma neoliberal, Gabriel Sala habla del concepto
“ententanimiento” o tittytainment -acuñado por Zbigniew
Brzezinski en una reunión de altos “capitales” y gente
poderosa-. “El entetanimiento no es otra cosa que una mezcla de
entretenimiento mediocre y vulgar, bazofia intelectual, propaganda y
elementos psicológica y físicamente nutritivos con el fin de
satisfacer al ser humano y mantenerle convenientemente sedado,
perpetuamente ansioso, sumiso y servil ante los dictados de la
minoría que decide su destino sin permitirle siquiera opinar al
respecto. Es el mejor proveedor de coartadas que haya existido, el
prisma a través del cual podemos observar el mundo sin sentirnos
culpables y sin vernos obligados a asumir la responsabilidad de
nuestras acciones.” (pag 17)
Podréis
creer lo que dice a pies puntillas o negarlo con vehemencia, o
podréis dudar (siempre es mejor dudar y pararse a reflexionar antes
de tomar una posición), pero si analizáis las últimas décadas,
podréis ver qué clase de televisión disponemos hoy en día, la
mediocridad de los informativos noticiarios y de los políticos, la
cantidad ingente de publicidad, etc. Todo ello no son más que
herramientas del sistema. Pero éso el que lo quiere ver, lo ve desde
el primer día, y el que no, no.
Gabriel
achaca a periodistas, políticos y, literalmente, “escritores de
tres al cuarto que se consideran a sí mismos intelectuales valiosos”
gran parte de la culpa de lo que hoy vivimos, ellos, adoctrinados en
el “liberalismo” y, gran parte de ellos, comprados con el dinero
de los poderosos, nos han tapado la verdad del funcionamiento del
mundo. Leía el otro día a Maquiavelo la siguiente cita: « Los
males que nacen en el Estado se curan pronto si se les reconoce con
antelación; pero cuando por no haberlos reconocido se les deja
crecer de forma que llegan a ser de dominio público, ya no hay
remedio posible.» Ojalá, espero, no tenga razón. Nos lo han tapado
todo y, cuando no han podido ocultarlo más, han destapado, sí,
corrupciones políticas. Pero no os ceguéis, aquí todo el mundo
está mayormente corrompido.
Os
hablaba de lo que decía A. Smith acerca de que todo beneficio
personal conllevaba de alguna forma al beneficio social, pues bien,
no es así realmente, y no porque lo diga Grabriel Sala, sino porque
lo pienso yo, gran parte de la que considero gente de razón, y lo
debería pensar todo el mundo. “El entetanimiento beneficia al
dinero, a todo aquel que tiene dinero y todo lo que el dinero
pretende comprar. [...] Privilegia a los más ricos; y cuanto más
ricos, más los privilegia. [...] A quienes tienen poco dinero les
niega cualquier beneficio, aunque quizá les permite mantenerse. A
los pobres les perpetúa en la pobreza y les obliga a la mendicidad y
a la violencia entre ellos.” (pag 23).
En
fin, creo que más claro, imposible.
Por
hoy, quiero acabar con una última reseña, la que aduce más
claramente a lo acontecido ayer: recortes y subida del IVA. Grabiel
Sala habla muy claro, y quizá la cita sea un poco extensa, por lo
cual, no voy a hacer mayor comentario, simplemente acabaré el texto
ahí, y que ustedes sean capaces de comprenderlo solos. Sin más, la
explicación, por Gabriel Sala, de lo que acabamos de sufrir en
España, pero que también lo vivieron griegos, irlandeses y
portugueses recientemente.
“¿Por
qué, por ejemplo, no muere la falacia Reagan-Teatcher, a pesar de
haberse mostrado absolutamente ineficaz? Sencillamente, porque
produce enromes beneficios a los poderosos. Es una historia que se
viene repitiendo desde hace más de 25 años, con distintas
ejecuciones y en distintos escenarios, pero siempre con idéntico
planteamiento, idénticos objetivos e idénticos resultados. ¿Cuál
es la historia?
En
la década de 1980, tanto Ronal Reagan en EEUU como Margaret Tatcher
en el Reino Unido aplicaron unos programas de naturaleza económica
que consistían básicamente en desfiscalizar las rentas del capital
y bajar los impuestos a los ricos. Se suponía que estas medidas
crearían riqueza, que se transferirían recursos del sector público
al privado, que serían utilizados por éste para invertir, que se
crearía empleo, etc... etc. Se preveía, naturalmente, que tales
medidas enriquecerían enormemente a los más ricos, puesto que se
les reducían los impuestos, pero esto no importaba, ya que los menos
afortunados serían también ampliamente beneficiados.
Como
es sabido, esta política fue un éxito absoluto en el primer
aspecto: los ricos se hicieron más ricos y sus fortunas se
multiplicaron espectacularmente. En el otro aspecto fue un perfecto
fracaso: los pobres no sólo no se vieron beneficiados por esas
medidas sino que su situación empeoró de forma brutal y, de
repente, se quedaron sin la mayor parte de los derechos sociales
básicos que el sistema les garantizaba, como la educación o la
sanidad.
Este
escenario es típico y se repite constantemente, cientos de veces, en
el mundo. El entetanimiento aprueba un determinado plan que se supone
va a beneficiar tanto a pobres como a ricos. La teoría es siempre
perfecta -hay millones de economistas trabajando febrilmente en el
diseño de estas coartadas-, pero ocurre que los únicos beneficiados
son los ricos (¡oh, sorprendentemente paradoja!) mientras que los
pobres se hunden cada vez más en la miseria, y las desigualdades
entre los niveles de renta se hacen abismales. Cuando esto ocurre,
los ideólogos que fabricaron la “fracasada” propuesta se sienten
sorprendidos, se llevan las manos a la cabeza y encargan a sus
economistas a que expliquen lo ocurrido. Éstos cumplen su misión
con inteligentes y elaborados informes con los cuales consiguen
tranquilizar las conciencias de los ideólogos para que puedan volver
a hacer otras propuestas... Y esta historia se repite y se repite,
día tras día, y los pobres son cada vez más pobres, y los ricos
cada vez más ricos. ¿No es obvio que aquí ocurre algo extraño? ¿A
qué nivel de estupidez puede llegar a reducirnos el entetanimiento?”
(pag. 39-40)
“En
su particular vertiente económica, el entetanimiento se caracteriza
por un desprecio fundamental de hecho (no siempre de palabra) hacia
las prioridades de los más necesitados, así como por una
glorificación cuasi religiosa de las demandas de los poderosos (esta
última también de hecho, aunque nunca de palabra). Estas dos
características básicas suelen concretarse en una serie de medidas
que se observan, con mayor o menos claridad, en todas las economías
de los países occidentales y que, a grandes rasgos, son las
siguientes:
- Reducción drástica de los gastos sociales, tales como los relativos a sanidad, la educación, el acceso a la cultura o la reinserción de la población penitenciaria.
- Aumento brutal del porcentaje de los presupuestos destinado a la investigación, fabricación y tráfico legal de armamento.
- Aumento de las medidas legislativas represoras en detrimento de las preventivas.
- Traslado de las decisiones políticas que tradicionalmente se tomaban en los parlamentos u otros organismos compuestos por representantes del pueblo a organizaciones supranacionales de funcionamiento no democrático y sobre las que la población no puede ejercer ningún tipo de control.
- Sustitución de las medidas fiscales progresivas por otras de carácter regresivo. Es decir, se considera obsoleta la idea de que quien tiene más dinero es quien debe pagar más impuestos.
- Subvenciones a los ricos, tanto medidas fiscales más o menos indirectas como de forma directa, por ejemplo apoyando económicamente a las grandes empresas sin exigir a cambio contrapartida alguna, ni de tipo social ni de ningún otro.
- Desregulación de aquellas áreas del mercado que pueden ser dominadas por una pequeña minoría y concesión de libertad legal a esta minoría para que ejerza ese control sin restricciones.
- Regulación estricta de aquellas áreas del mercado en las que se podría ejercer una sana competencia y en las que se prevén posiciones dominantes y que favorezcan los intereses de las élites.
- Desregulación de los derechos de los trabajadores, de las minorías y de las personas con pocos recursos económicos y establecimiento de medidas tendentes a sustraer competencias, criminalizar y eliminar organizaciones destinadas a garantizar esos derechos.
- Endurecimiento de las medidas legales que impiden la inmigración de ciudadanos de los países pobres.
- Mediocrización y estandarización de la cultura.
- Desregularización absoluta del mercado del dinero y permisividad total con las transacciones puramente especulativas.
Estas
medidas y otras similares se están aplicando en todos los países
occidentales desarrollados de forma más o menos voluntaria -e
impuesta por aquéllos(ésta es la función real del Banco Mundial,
tal como ha confesado uno de sus ex-presidentes)- en la mayor parte
del resto de naciones.”
(pag 48-49)
Nada
más que decir, traten de ser felices.
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