miércoles, 17 de junio de 2009

Una noche en la nada

Un pequeño microrrelato escrito hace un año exactamente.

Silencio. El lugar donde se encontraba María estaba deshabitado, un espacio completamente blanco que carecía de las cosas más simples y complejas para la vida, como el agua. Su cerebro empezó a reaccionar. Intentaba recordar cómo había llegado hasta allí, pero no lo llegaba a recordar, miró hacia los dos lados, forzó la vista para intentar ver algo más allá de lo blanco, pero no encontró nada, de hecho, se encontraba en “la nada”. María comenzó a andar, aunque algo le decía que era inútil, porque el lugar donde se encontraba era un espacio infinito del que no podría salir, y que caminar lo único que haría sería cansarla aun más.
Tras un tiempo que ella no sabría calcular si fueron segundos o minutos, horas o años, a María la empezó a invadir el pánico. Pensó que moriría en aquel espantoso lugar dejado de la mano de Dios y que nunca la encontrarían, en todo lo que se perdería. Debía salir de aquel lugar. Entonces empezó a gritar pero era en balde, no había nadie más que ella, estaba sola.
A lo lejos, una figura fantasmal empezó a acercarse a María. Aquel espectro tenía cuerpo de hombre, las manos le caían pesada mente hacia abajo, por inercia del peso de la gravedad; la cabeza parecía sostenerse por un hilo invisible, su mirada, perdida entre un bosque de pelos enmarañados que ocultan su cara. Entre aquel espectro, por llamarlo de alguna manera, no había nada más que unos metros que les separasen, y eso le preocupó aun más a María, si cabe.
Cuando la figura se acercó más, María se fijo un poco en sus rasgos… vio su ropa, era la típica ropa de papel que se dan en los hospitales, el pelo lo tenía totalmente blanco, y la barba la tenia descuidada. Pero no fueron sus rasgos lo que más la impresionó. Aquel hombre alzó la cabeza y comenzó a hablar entre susurros, enseguida reconoció a aquella voz ronca, las palabras pronunciadas le caían sobre su consciencia como el agua lanzada desde las grandes cataratas del planeta, a aquella persona.
- Ven conmigo- decía el espectro, que tenía ya rostro y nombre- Ven conmigo, María.
Y todo se quedó oscuro, la figura desapareció, el lugar blanco,“la nada”, ahora era todo negro. Aquello no le podía estar pasando a ella. Y, entonces lo vio. Una luz se veía al final de un largo túnel, veía a varias personas… muchas de ellas ya muertas. Eran sus familiares que, desde el otro lado, la llamaban para que fuera con ellos. María recordó algo que su madre le dijo hace poco, en plan coña, a ella y a su hermana “Si algún día os pasase algo… nunca vayáis a la luz” en ese momento las tres rieron, pero ahora María lloró, y salió en sentido contrario a la luz del túnel, volvió a la oscuridad. Mientras María corría, tropezó y calló.

María despertó en el sofá-cama de la casa de su abuela, había venido cansada aquella noche de duro trabajo y no quería despertar a su abuela, que ya dormiría placidamente; aquel era el sofá cama donde dormía su difunto abuelo cada vez que sus tíos y primos de una ciudad de Castilla venían para pasar las fiestas. María, nada más abrir los ojos, quedó con el corazón en un puño. En la pared, desde las alturas, en un cuadro había un rostro, casi espectral, y la miraba de reojo. Colgada estaba la foto del rostro de un hombre mayor de pelo blanco, su abuelo.

2 comentarios:

  1. Este es el que hiciste con Patricia no? al menos me suena de eso... Está bien.

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  2. no lo hice con patricia... me lo hizo hacer patricia xD y creoq aprobeche la oportunidad xD

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