jueves, 3 de septiembre de 2009

No quedan, apenas, días de verano.

Los días de verano, para mi, pasaron lentos. No salí apenas de casa, ni fuimos a la playa ni vimos mucho a la familia (ciertamente, este año no me importaba quedarme en casa). Pero sí que me quedé con ganas de ir a un lugar, o que aquella persona a la que iba a visitar pudiese venir aquí. ¡Lástima! En otro momento tal vez.
Y quizás por esto, por no ver mi único deseo veraniego realizado, el verano, para mi, no me ha dejado nada que recordar. Solo muertes, horas de falta de sueño, melancolía e insatisfacción.
Pero igualmente, estoy contento. Sí. Porque ya están de nuevo las personas que, día tras día, hacen de esta vida algo más llevadera y soportable. Vuelven las fiestas, la vida social, los buenos momentos y, tras las fiestas, una nueva etapa de mi vida que espero que salga mejor que ninguna otra de las cosas de las que he hecho.
Lo impotante no es qué nos aporta el verano, si nos hemos divertido o no. Para mi predomina que la gente a la que quiero siga a mi lado. Y hoy por hoy, es así.

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