miércoles, 16 de febrero de 2011

Llamada a ¿nadie?

Dicen, comentan, se rumorea por ahí que los jóvenes están dormidos. Eso es, sinceramente, mentira. Muchos jóvenes están olgazaneando, otros muchos trabajan, otros estudiamos -o lo simulamos-, y otros se dedican a una vida contemplativa, como hiciera Shiddartha, en busca de la verdad. Espero que se haya notado la fina ironía acerca de este último bloque.
Lamentablemente, el paro es la cruda realidad de un mundo que, cada día, junto con los grandes dirigentes que, por desgracia, nuestros mayores eligieron, va a la deriva en un viaje sin retorno a un lugar inóspito, desconocido.
¿Quién va a despertar a la juventud? ¿Quién va a exhortar, como Vercingetorix hiciese contra las tropas romanas, como hiciese Robespiere contra la monarquía francesa; a esta juventud perezosa, malcriada, juerguista y, en definitiva, esta juventud de papá? ¿A caso ésta es tan ciega, o tan necia, que no es capaz de ver que se le avecina un futuro sin futuro? ¿Dónde están los genios que han de guiarla? Alguno pensará «¡No! ¡No! ¡Si están planeando! ¡Están estudiando las mejores opciones!». Yo no sé donde están, no se si están de botellón, no sé si están esnifando coca o fumándose porros, no sé si están esperando a que se les acabe el curso para movilizarse, ni si quiera sé si han nacido o si han sido -de verdad- más listos que el resto y se han suicidado a sabiendas de la que se les echaba encima. Ojalá tuviera respuestas.
Pero, chicos, algo sí os aseguro, estamos jodidos. Si no actuamos de inmediato, jamás podremos salir, como tanto ansiamos, de la casa de nuestros padres; si no nos movilizamos jamás podremos comprarnos una casa, un coche, una nueva consola, un buen ordenador, un buen vino, ni si quiere dos croquetas. Ya no es, si quiera, por tener una calidad de vida media-alta, sino una vida digna en la que, al menos, nos sea posible sobrevivir por nuestros propios medios sin apuros.
Levantémonos contra los políticos corruptos que se llevan el dinero de los trabajadores honrados. Levantémonos, también, contra aquellos que minan nuestra libertad; contra quienes nos dicen qué debemos comprar, consumir, pensar, o hacer como si fuesemos simples marionetas guiadas por quienes quieren un beneficio propio.
En definitiva, acabemos con la tiranía de aquellos que, primero, nos ponen la soga en el cuello y, después, nos empujan al vacío. Porque tiranos no hay sólo en Egipto, Argelia, Túnez o demás lugares, también lo son aquellos que, extorsionando con las vidas de los trabajadores, nos encadenan y nos echan a las fieras de su circo particular para vernos morir mientras ellos están a salvo en su trono imperial construido por los huesos de niños y niñas, madres y padres, hermanos y hermanas, familias enteras que tuvieron la mala suerte de nacer en un lugar distinto al nuestro.

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