Buenas a todos, soy Alex. Mi amigo Adolfo me ha pedido que colabore con el en este blog, y bueno, mi primera entrada consistirá sobre la muerte, y el miedo asociada a ella, una disertación que redacté hace tiempo y de la cual estoy muy orgulloso.
“Acostúmbrate a considerar que la muerte no es nada para nosotros, puesto que todo bien y todo mal están en la sensación, y la muerte es pérdida de sensación. Por ello, el recto conocimiento de que la muerte no es nada para nosotros hace amable la mortalidad de la vida, no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque suprime el anhelo de inmortalidad.
Nada hay terrible en la vida para quien está realmente persuadido de que tampoco se encuentra nada terrible en el no vivir. De manera que es un necio el que dice que teme la muerte, no porque haga sufrir al presentarse, sino porque hace sufrir en su espera: en efecto, lo que no inquieta cuando se presenta es absurdo que nos haga sufrir en su espera. Así pues, el más estremecedor de los males, la muerte, no es nada para nosotros, ya que mientras nosotros somos, la muerte no está presente y cuando la muerte está presente, entonces nosotros no somos. No existe, pues, ni para los vivos ni para los muertos, pues para aquéllos todavía no es, y éstos ya no son. Pero la gente huye de la muerte como del mayor de los males, y la reclama otras veces como descanso de los males de su vida.”
Epicuro, en su carta a Meneceo.
Esto son dos párrafos de la carta que Epicuro escribió a su amigo Meneceo en el siglo IV a.C. En ellos se plantea una solución al problema de la muerte, que tantas veces se ha tratado en la filosofía, a fin de cuentas es una de sus preguntas fundamentales, y de igual modo la muerte se ha entendido de diversas maneras.
En la Antigua Grecia, se entendía que un ser solo es mortal si está seguro de que va a morir, de esta manera solo puede considerarse como mortal al ser humano, ya que es el único ser vivo capaz de percatarse de su existencia.
Por el contrario, en la actualidad se desarrolla un pensamiento más existencial que considera la muerte como una consecuencia de la vida, que no debe confundirse con la angustia que produce su llegada.
No obstante, no se han de olvidar la posición que introducen todas las religiones en cuanto a este problema, todas ellas centradas en la necesidad de trascendencia del hombre, lo cual es un hecho, ya que la religión aunque primitiva, existe desde que somos humanos.
Desde un punto de vista personal, he de decir que el miedo a la muerte es absurdo. No debe asustarnos lo que no es sino la conclusión del recorrido de la vida, una vida que para mi no tiene más sentido que el de la propia muerte, el de disfrutar de ella mientras aguardamos nuestra hora, sin temor a ella, ya que el miedo es para mi el causante de todos los males, pienso que no hay porque temer a nada. Mi entendimiento de la muerte como simple final de la existencia, sin dar posibilidad a nada más, aunque sea agnóstico en este tema, como todos los humanos que usen la razón, ya que es obvio que no podemos saber que ocurre tras la muerte, se contrapone a la trascendencia del ser humano como necesidad, porque creo que aferrarse a nuestra naturaleza, la mayoría de las veces, no hace más que entorpecer el uso de la razón a favor de un intento de sentirnos seguros para perder ese miedo injustificado a la muerte. Una necesidad que es canalizada mediante la religión en la mayoría de los seres humanos, que no han sido capaces de sobreponerse a su naturaleza. Con esto no quiero decir que nuestra propia naturaleza haya de ser ignorada, de ninguna manera, simplemente que ha de ser revisada con la razón, eso que nos hace humanos.
De igual modo, puedo defender la tesis de que el miedo a la muerte es absurdo, dando como razón que, si temiésemos a la muerte, nos resultaría muy difícil vivir, ya que tendríamos que estar pendientes a cada rato, a cada momento de salvaguardarnos de que no nos ocurriera nada, y eso hoy en día, es prácticamente imposible, aunque no obstante en los años en los que vivimos se ha convertido, este, la seguridad, en el valor principal de la sociedad, dejando ligeramente de lado otros que son más importantes como la igualdad, la libertad, etc.
Según creo, además, situándonos en la situación hipotética de que fuéramos inmortales, los seres humanos desearíamos la mortalidad, ya que la vida se convertiría en algo tan monótono que dejaría de ser deseable, ya que vivimos pensando que esto ha de acabarse, si supiésemos que no tiene fin… simplemente no viviríamos como vivimos. También, si la muerte no existiese, la sociedad y el progreso se detendrían, ya que el mundo no se podría mantener debido a la cantidad de ancianos que vivirían sin ser producentes para el sistema, hecho que, se produce también en la sociedad moderna actual en la que se observa un aumento muy considerable de la población de la tercera edad, y si esto ya puede suponer un problema, imaginemos si la muerte no existiese, el número sería ingente, y la sociedad no podría avanzar, no tendríamos mundo para tantas personas.
Así pues, la muerte, por muy mala que pueda parecer, es algo bueno, que nos puede causar tristeza, pero que no se trata sino de un mecanismo natural de renovación de los individuos, así como, si no se interpusiera el desarrollo científico-tecnológico, seguiría cumpliendo su función de actuar como agente regulador de la selección natural, dejando morir a aquellos con defectos, y cada vez acercando más a la especie humana a la perfección.
Lo que yo propongo para solucionar este problema que acecha hoy en día a nuestra sociedad es instruir a las nuevas generaciones de individuos en aquellos valores que son fundamentales, y quitarles de la cabeza la idea absurda del miedo a la muerte, pero esto no se trata más que una utopía más, ya que por desgracia se que no es posible algo así, ya que la gente está demasiado ciega como para revisar la tradición, para revisarse a si mismos, para revisar sus creencias, por lo que el mundo se quedará anclado en un punto en el que el progreso ya no será posible, ya que para ello habrá que cambiar la tradición, y eso hoy en día es imposible, porque la mayoría de la gente, se niega, ya sea por intereses personales, por influencias externas (religiones, sectas, procesos de socialización…) o por un uso de la razón erróneo que haya llevado a conclusiones equivocadas.
En definitiva, yo creo que este miedo a la muerte que prima hoy en día en nuestra sociedad, es fruto de una socialización primaria excesiva, en la que se ha instruido a los niños para pensar como sus progenitores, limitando su libertad de razonamiento y crítica, en vez de instruirles en unos valores fundamentales y universales, y que a partir de ellos construyan su propia identidad y sus propias opiniones e ideas, que averigüen a que deben temer y no a lo que se les diga que deben temer.
Antes de concluir quisiera poner hincapié en el temor a la muerte ajena. Tampoco es justificable. No es justificable porque no deja de ser la conclusión de una vida más, y puede producirnos tristeza, pesar, y todo tipo de sentimientos, pero no miedo, porque no es más que eso, una vida que se acaba, siguiendo el curso del mundo, y que lo temamos no va a cambiar el hecho de que la muerte del resto llegue, o haya llegado, simplemente debemos continuar nuestro camino, nuestra vida, y en tal caso, si hemos de sentir algo, sería alegría por los que nos rodean, y no tristeza por los que se van.
Finalmente, resumo el contenido de esta reflexión. El miedo a la muerte, es absurdo. Para afirmarlo me baso en que la muerte es algo necesario, que es y no puede dejar de ser, ni ser de otra manera, con lo cual, si la tuviésemos miedo, estaríamos angustiados toda nuestra vida ya que puede llegar en cualquier momento. Así pues, como necesaria, si no existiese viviríamos de otra manera, y quizá incluso hasta se volviese deseada. Como solución, propongo la instrucción de las nuevas generaciones en únicamente valores universales que les permitan pensar por si mismos qué deben y que no deben temer, y no limitar su libertad al pensamiento de sus progenitores. Y de una forma comparativa, he de decir que igual que el miedo a la muerte es absurdo, el desearla también lo es, según mi opinión, ya que aunque el hecho de morir nos permitiese experimentar nuestra propia muerte, y eso es algo tentador, no habría vuelta atrás, de modo que no nos serviría absolutamente de nada.
jaja es muy buena, ya te lo dije. a ver si pronto llegan los lectores y te leen xD
ResponderEliminarun abrazo AS
es genial :)
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