Marcos es un joven de trece años. Son las 7:30 A.m. y sus padres no están en casa ya. Su padre está trabajando desde las 5:00 A.m. y su madre está cuidando a su abuela, la cual está muy enferma y podría estar ante sus últimos días de vida. Marcos se levanta de la cama y va al cuarto de baño. Allí, se prepara una ducha caliente.
Ya duchado, con la ropa con la que acudirá al instituto, se hace el desayuno.
« ¿Hoy qué toca?- se pregunta.- Leche con galletas.» La mochila está preparada, la hizo la noche anterior.
Con el desayuno ya en el estómago, Marcos sale por la puerta de su casa, son las 7:50 A.m.
El despertador no ha sonado. Lucas está muy enfadado. Hoy tenía que estar en el trabajo a las 8:00 A.m. y ya eran menos diez, no tenía tiempo ni de ducharse, ni de desayunar algo. « ¡Maldito despertador!» gritó cuando cogía al artefacto y lo lanzaba contra la pared. Se desvistió y se vistió en menos de dos minutos, se subió al coche, lo arrancó, y miró la hora, las 7:54 A.m.
A esa hora, más o menos, Marcos pasaba por el bautizado por los niños “Parque del tren”, ya que justo en mitad de éste se encontraba una réplica del primer tren que cabalgó sobre raíles por la ciudad. Marcos observó que el semáforo estaba en rojo para él, y maldijo tener que esperar con el frío que hacía, estarse quieto le producía más escalofríos que el mismo frío invernal. Marcos empezó a andar al ver que el semáforo para los coches, la luz, se teñía de ámbar. A lo lejos podía distinguir a un coche que se acercaba hasta el punto donde se encontraba el aparato que indicaba a quién le tocaba para y a quién andar. Así, sabiendo que los coches, con la luz en ámbar en el semáforo, debían reducir la velocidad, empezó a cruzar la carretera.
Lucas veía borrosa la carretera, a pesar de su furia, aun seguía adormecido y apenas se fijó en que el semáforo mostraba la luz en ámbar. « Me da tiempo a pasar.» Pensó Lucas. Justo en el momento en que un chico comenzaba a cruzar la calle, A Lucas le llegó un mensaje al móvil. Miró al objeto un instante, apenas un segundo, pero un segundo fatal.
Marta salía del bar de la calle. La mujer no se lo podía creer, aquel coche estaba apunto de atropellar a un chico.
Para Marcos fue todo muy deprisa, enseguida supo que no tenía nada que hacer, el coche se encontraba a un palmo. Pudo ver la cara del conductor, al principio parecía molesto, luego volvió la cara al frente y vio pánico en sus ojos. No tuvo tiempo para más, el shock lo dejó petrificado. El golpe fue brutal, golpeó el parachoques, salió por los aires golpeándose contra la luna del coche y volvió a caer a la carretera.
Lucas no tuvo tiempo de reaccionar, cuando quiso frenar, ya estaba el chico en la luna de su coche. Ya parado el coche, posó la cabeza contra el volante, y comenzó a llorar mientras se daba cabezazos.
Marta salió corriendo a ver el estado del chico. Tenía la cara llena de sangre y heridas por todas partes. Tenía un fuerte golpe en la cabeza. Su cuerpo temblaba en una fuerte convulsión que le pareció no parar nunca, pero solo duró unos segundos. Todo acabó con la muerte del chico.
cómo me recuerda a los microrrelatos de Carlos Castán, todo termina tan trágicamente..
ResponderEliminarGenial, como siempre =)
plaza del tren!
xD inspirado en el claro xD
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