No hay un quién, ni un por qué. No hay nada. Puedes estar preguntándotelo toda la vida y no dar nunca, jamás, con la respuesta adecuada. No hay verdades absolutas, solo conjeturas, meras hipótesis explicativas que intentan parecer verdades universales, pero nunca verificadas en la gran escala que es el universo.
¿Quién? No lo sé. ¿Dios? Podría ser, pero no en el concepto que las teologías nos quieren hacer creer. El universo es, a nuestra escala, tan grande, que nos volveríamos locos si todos los días pensasemos en lo que abarca su totalidad, porque nuestro cerebro no podría aprehender la realidad. ¿ Alienígenas? Se me ocurriría otro interrogante ante tal cuestión: ¿y quién crea o cómo surgen los alienígenas? No podemos más que hacer conjeturas.
No hay un para qué, no hay nada escrito, no hay una voluntad. Todo es fruto de la casualidad. En algún momento algo pasó, o siempre estuvo el universo ahí, o no es más que una parte de un todo más extenso, o el universo es un organismo vivo y las galaxias, pequeños órganos, y nosotros, polvo.
Y es que, tal vez, las preguntas estén mal encaminadas y no deberíamos preguntar quién nos creó, para qué y cuándo; sino en qué vivimos, qué sistema u organismo abarca tantísimo; desde cuándo existem, cómo o qué o quién lo creó, y, la gran incógnita, ¿por qué?
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