Cuando leemos un libro y conocemos sus personajes, el autor nos hace una vaga o detallada descripción sobre cómo son física y psicológicamente aquellos seres creados en su imaginación. Y como son seres irreales, imaginarios- por mucho que hayan podido ser tomados de la vida real-, cada persona los imagina de una manera u otra, no correspondiéndose así el aspecto del personaje imaginado por cada uno.
En esas estaba Eir, moldeando los rasgos de Selena. La segunda carta que le había enviado le entusiasmaba aun más que la primera. Aun seguía teniendo que ponerla una cara imaginaria, una cara irreal, después de lo que le había enviado la tarde siguiente.
Aquella mañana al levantarse de la cama no se cayó. Tampoco dio un portazo al salir, ya bastante había tenido con la bronca que le dio su madre el día anterior. Pero sus nervios no cambiaron a los de la pasada vez, y volvió a tropezar contra la gente y a cansarse antes de subir la cuesta. Parecía no aprender nunca.
Con la respiración dificultosa, llegó hasta el árbol, dejándose caer contra el tronco y haciéndose daño en la espalda. Escarbó hasta encontrar la cajita azul que simulaba la imagen del cielo. Levantó la tapa. Había dos papeles esta vez. Una era la carta. Cogió el otro papel, era más grueso que el papel normal. Estaba doblado en dos pliegues. Lo desdobló. En su cara se dibujó una sonrisa al ver un dibujo. Era un retrato a carboncillo de Selena vista de espaldas. Parecía estar sentada, las manos se intuían apoyadas en su regazo, su pelo era liso y le caía sobre los hombros y sus brazos eran largos y delgados. Su cuerpo parecía esbelto. Aquel retrato no lo podría comprar un simple trabajador , debía de ser hija de algún comerciante. Dejó el dibujo doblado en la caja y comenzó a leer la carta.
« Querido Eir:
« te hago entrega de este retrato, para que puedas hacerte a la idea de como soy, y una vaga descripción mía físicamente. No esperes la estrella más luminosa del universo. Tengo el pelo moreno, ojos azules, unos pómulos y una barbilla con personalidad, la tez pálida y una nariz pequeñita, como mi estatura. Espero que con esto te hagas una idea de mi. Tampoco es que yo me fijase mucho en ti. Estabas dormido y no pude saber del color de tus ojos. Cuéntame de tu vida. ¿Qué esperas en el futuro? ¿Quiénes son tus amigos y cómo es tu casa? Yo vivo en la zona burguesa. Me encanta pasear sobre esas aceras tan grandes. Pero sobre todo, me gusta el campo, su aroma, la naturaleza, su cielo limpio, sus animales y sus insectos.
Espero tu respuesta. Selena»
Suspiró. Eir se imaginó un ángel de cabellos negros y ojos azules. Pensó que aquello no podía ser más que una broma, una broma de mal gusto. ¿Cómo una chica, aparentemente tan guapa y de buena posición, iba a querer algo con un chico sucio y harapiento como él? Pensó en no contestar, en olvidarse de aquel juego y no volver a mantener contacto con la burguesa que, a buen seguro, ahora estaría desternillándose con sus amigos ricos.
Pero la imagen le volvió a venir a la cabeza, aquel ángel...
Se tragó su orgullo y escribió.
« Querida Selena:
« No puedo más que imaginarme un ángel alado, de luz tan resplandeciente que, al mirar, ciega. Mi vida comenzó hace trece años. De pequeño mi madre por las noches me leía cuentos que yo me aprendía de memoria y buscaba la relación entre las letras y sus sonidos. Así fue como aprendí a leer y escribir. Pero pronto cambiaron las cosas en casa. Papá bebe y mamá riñe con él. Hace tiempo que perdí a mis amigos. Mi vida no sirve más que para ser utilizado, cual objeto, por algún burgués con dinero. Eso es lo que siempre me dice mi padre, y yo, por mucho que lo odie, le creo. No espero un gran futuro.
Saludos. Eir.»
No lo releyó. Lo escribió tal y como sentía. Su maestra siempre le dijo que sabía escribir muy bien, y en cierto modo le molestaba que su talento se desperdiciara.En esas estaba Eir, moldeando los rasgos de Selena. La segunda carta que le había enviado le entusiasmaba aun más que la primera. Aun seguía teniendo que ponerla una cara imaginaria, una cara irreal, después de lo que le había enviado la tarde siguiente.
Aquella mañana al levantarse de la cama no se cayó. Tampoco dio un portazo al salir, ya bastante había tenido con la bronca que le dio su madre el día anterior. Pero sus nervios no cambiaron a los de la pasada vez, y volvió a tropezar contra la gente y a cansarse antes de subir la cuesta. Parecía no aprender nunca.
Con la respiración dificultosa, llegó hasta el árbol, dejándose caer contra el tronco y haciéndose daño en la espalda. Escarbó hasta encontrar la cajita azul que simulaba la imagen del cielo. Levantó la tapa. Había dos papeles esta vez. Una era la carta. Cogió el otro papel, era más grueso que el papel normal. Estaba doblado en dos pliegues. Lo desdobló. En su cara se dibujó una sonrisa al ver un dibujo. Era un retrato a carboncillo de Selena vista de espaldas. Parecía estar sentada, las manos se intuían apoyadas en su regazo, su pelo era liso y le caía sobre los hombros y sus brazos eran largos y delgados. Su cuerpo parecía esbelto. Aquel retrato no lo podría comprar un simple trabajador , debía de ser hija de algún comerciante. Dejó el dibujo doblado en la caja y comenzó a leer la carta.
« Querido Eir:
« te hago entrega de este retrato, para que puedas hacerte a la idea de como soy, y una vaga descripción mía físicamente. No esperes la estrella más luminosa del universo. Tengo el pelo moreno, ojos azules, unos pómulos y una barbilla con personalidad, la tez pálida y una nariz pequeñita, como mi estatura. Espero que con esto te hagas una idea de mi. Tampoco es que yo me fijase mucho en ti. Estabas dormido y no pude saber del color de tus ojos. Cuéntame de tu vida. ¿Qué esperas en el futuro? ¿Quiénes son tus amigos y cómo es tu casa? Yo vivo en la zona burguesa. Me encanta pasear sobre esas aceras tan grandes. Pero sobre todo, me gusta el campo, su aroma, la naturaleza, su cielo limpio, sus animales y sus insectos.
Espero tu respuesta. Selena»
Suspiró. Eir se imaginó un ángel de cabellos negros y ojos azules. Pensó que aquello no podía ser más que una broma, una broma de mal gusto. ¿Cómo una chica, aparentemente tan guapa y de buena posición, iba a querer algo con un chico sucio y harapiento como él? Pensó en no contestar, en olvidarse de aquel juego y no volver a mantener contacto con la burguesa que, a buen seguro, ahora estaría desternillándose con sus amigos ricos.
Pero la imagen le volvió a venir a la cabeza, aquel ángel...
Se tragó su orgullo y escribió.
« Querida Selena:
« No puedo más que imaginarme un ángel alado, de luz tan resplandeciente que, al mirar, ciega. Mi vida comenzó hace trece años. De pequeño mi madre por las noches me leía cuentos que yo me aprendía de memoria y buscaba la relación entre las letras y sus sonidos. Así fue como aprendí a leer y escribir. Pero pronto cambiaron las cosas en casa. Papá bebe y mamá riñe con él. Hace tiempo que perdí a mis amigos. Mi vida no sirve más que para ser utilizado, cual objeto, por algún burgués con dinero. Eso es lo que siempre me dice mi padre, y yo, por mucho que lo odie, le creo. No espero un gran futuro.
Saludos. Eir.»
Puso la carta en la caja y la volvió a enterrar.
Estaba solo en casa. Su madre y su padre se habían ido a trabajar, y su hermano se había ido a ver si podía robar algo que llevarse a la boca. No tenía apetito, pero se obligó a comer un poco de pan, por los días que no tiene qué llevarse a la boca. Pronto se pondría a trabajar, así se lo había comunicado su padre. Y con tal fin le preparaba.
Antes de dormir, en la cama, volvió a imaginarse a Selena como un ángel que brilla en el cielo. Lejana. Pensó que aquel juego, que aquella chica, no le destrozarían más la vida de como la tenía.
Estaba solo en casa. Su madre y su padre se habían ido a trabajar, y su hermano se había ido a ver si podía robar algo que llevarse a la boca. No tenía apetito, pero se obligó a comer un poco de pan, por los días que no tiene qué llevarse a la boca. Pronto se pondría a trabajar, así se lo había comunicado su padre. Y con tal fin le preparaba.
Antes de dormir, en la cama, volvió a imaginarse a Selena como un ángel que brilla en el cielo. Lejana. Pensó que aquel juego, que aquella chica, no le destrozarían más la vida de como la tenía.
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